El Papa invita a los institutos seculares a ser signo visible de la belleza de Cristo

Al cumplirse 60 años de su reconocimiento jurídico eclesiástico

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CIUDAD DEL VATICANO, martes, 6 febrero 2007 (ZENIT.org).- Al encontrarse el 3 de febrero con los participantes en la Conferencia Mundial de los Institutos Seculares, Benedicto XVI invitó a sus miembros a ser signo visible de la belleza de Cristo y «laboratorio de diálogo con el mundo».



Fue el primer encuentro que mantuvo desde su elección como obispo de Roma con los miembros de estas realidades eclesiales en su conjunto, que del 3 al 4 de febrero organizaron un simposio internacional en Roma.

La iniciativa celebraba el sexagésimo aniversario de la constitución apostólica «Provida Mater Ecclesia», firmada por Pío XII el 2 de febrero de 1947.

«Aquel acto jurídico no representó el punto de llegada, sino más bien el punto de partida de un camino cuyo objetivo era delinear una nueva forma de consagración: la de fieles laicos y presbíteros diocesanos, llamados a vivir con radicalidad evangélica precisamente aquella secularidad en la que están inmersos debido a la condición existencial o al ministerio pastoral», recordó Benedicto XVI.

Los institutos seculares, reconoció, son «uno de los innumerables dones con los que el Espíritu Santo acompaña el camino de la Iglesia y la renueva en todos los siglos».

«Vuestra pasión nace al haber descubierto la belleza de Cristo, su manera única de amar, de encontrarse con los demás, de curar la vida, de alegrarla, de consolarla. Y vuestras vidas quieren ser un canto de esta belleza para que vuestra existencia en el mundo sea signo de vuestra existencia en Cristo», afirmó el Papa.

El obispo de Roma trazó a continuación las características de la «misión secular»: «el testimonio de las virtudes humanas, como la justicia, la paz, la alegría», «la conducta ejemplar», «el compromiso por la construcción de una sociedad que reconozca en los diversos ámbitos la dignidad de la persona y los valores irrenunciables para su plena realización: desde la política a la economía, de la educación al empeño por la salud pública, de la gestión de los servicios a la investigación científica».

«Todo dolor, toda injusticia, toda búsqueda de la verdad de la belleza y de la bondad os debe interpelar, pero no porque tenéis la solución a todos los problemas, sino porque toda circunstancia en la que vive y muere el ser humano constituye para vosotros una oportunidad para testimoniar la obra salvífica de Dios», subrayó.

«Conformar la propia vida con la de Cristo», no sólo exige un «cambio profundo de mentalidad» y «una manera diferente de relacionarse con Cristo», sino «compromisos y gestos concretos, de “alpinistas del espíritu”», dijo.

Los institutos seculares se distinguen de otras formas de vida religiosa por el hecho de que sus hijos viven en el mundo la vida ordinaria de cualquier persona, encarnando el Evangelio con pobreza, castidad y obediencia, in la obligación de la vida en común.

Los miembros laicos permanecen en el estado laical: es decir, son bautizados, aunque se consagran totalmente a Dios con la profesión de los consejos evangélicos; mientras que los miembros clérigos se convierten en ayuda para los demás sacerdotes a través del testimonio de la vida consagrada.

A estas personas, el Papa les invitó a entablar «una relación profunda con los signos de los tiempos, a los que estáis llamados a discernir, personal y comunitariamente, a la luz del Evangelio» para «ser laboratorio de diálogo con el mundo».

«El lugar de vuestro apostolado, por tanto, es todo lo humano», reconoció, «ya sea dentro de la comunidad cristiana, ya sea dentro de la comunidad civil en la cual la relación se aplica en la búsqueda del bien común, en el diálogo con todos».

De este modo, dijo, los miembros de los institutos seculares podrán «testimoniar esa antropología que constituye una propuesta de sentido en una sociedad desorientada y confundida por el clima multicultural y multerreligioso que la caracteriza».

«Sed buscadores de la Verdad, de la revelación humana de Dios en la vida. Anunciad la belleza de Dios y de su creación. Siguiendo el ejemplo de Cristo, sed obedientes al amor, hombres y mujeres de mansedumbre y misericordia, capaces de recorrer los caminos del mundo haciendo sólo el bien», les invitó.

«Que las Bienaventuranzas constituyan el centro de vuestras vidas, contradiciendo la lógica humana, para expresar una confianza incondicional en Dios que quiere que el ser humano sea feliz», añadió.

«La Iglesia tiene también necesidad de vosotros», dijo por último. «Sed semilla de santidad echada a manos llenas en los surcos de la historia».

Los institutos seculares surgieron en la historia de la Iglesia en el siglo XX, entrando en la legislación eclesiástica en 1947 y en el Código de Derecho Canónico en 1983. En cierto sentido, precedieron y favorecieron el reconocimiento eclesial de la vocación y misión del laicado que propuso el Concilio Vaticano II.

De los 215 institutos seculares que hay en la Iglesia, en su gran mayoría femeninos, 143 son de derecho diocesano y 72 de derecho pontificio.