El Papa: La Eucaristía desafía a los cristianos a volver a la unidad perdida

Comienza una nueva serie de intervenciones sobe el ecumenismo

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CIUDAD DEL VATICANO, 15 nov (ZENIT.org).- Juan Pablo II comenzó este miércoles, en la tradicional audiencia general, un nuevo ciclo de intervenciones sobre lo que en alguna ocasión ha llamado el escándalo más grande de la historia del cristianismo: la división de los cristianos.



Con estas reflexiones, tras haber hablado en los últimos meses de Dios Trinidad y del gesto más grande de amor de Cristo, la Eucaristía, el pontífice pretende profundizar en un tercer argumento que, como él indicó en 1994, en la carta programatíca de preparación del año santo, caracteriza la celebración de este Jubileo del año 2000: la promoción de la unidad de los cristianos.

El drama
Las palabras que el pontífice dirigió a los 30 mil peregrinos que se encontraban reunidos en la plaza de San Pedro, en una mañana gris de otoño, estaban preñadas del dolor que provoca en un Papa la separación de los discípulos de Cristo y que tiene su manifestación más evidente en la imposibilidad cristianos de diferentes Iglesias o Comunidades eclesiales se sienten justos para partir el pan eucarístico.

De este modo, el pontífice, evocó aquellos pasajes de los Hechos de los Apóstoles en los que los primeros cristianos se reunían para partir el pan y en los que se muestra «que la unión en la fe es la condición previa para la participación común en la Eucaristía».

Separación
A continuación, mostró que no tiene sentido el que los cristianos celebren unidos la Eucaristía, si no creen en lo mismo o si están peleados entre sí: el sacramento debe ser «vínculo de comunión y de amor entre aquéllos que se han sentado en la única mesa de la Palabra y de la Eucaristía», dijo el Santo Padre.

«Por consiguiente --aclaró citando el «Directorio ecuménico» (puede consultarse en inglés o francés en la página web del Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos)-- la comunión eucarística está inseparablemente ligada a la comunión plena eclesial y a su expresión visible».

«Ahora bien --siguió explicando Juan Pablo II--, el Bautismo es la raíz profunda de una unidad fundamental que une a los cristianos a pesar de sus divisiones».

Gestos hacia la unidad
«Por eso, si bien la participación en la misma Eucaristía sigue quedando excluida para los cristianos que todavía están divididos, es posible introducir en la Celebración eucarística, en casos específicos previstos por el "Directorio ecuménico", algunos signos de participación que expresan la unidad existente y apuntan hacia la plena comunión de las Iglesias en torno a la mesa de la Palabra y el Cuerpo y Sangre del Señor».

En concreto, el Papa citó dos gestos: la posibilidad de que en ocasiones excepcionales y con el permiso del obispo «un miembro de otra Iglesia o Comunidad eclesial desempeñe la función de lector durante la celebración eucarística de la Iglesia católica», y la posibilidad de que los católicos participen en los sacramentos de la penitencia, de la Eucaristía y de la unción de los enfermos en las Iglesias orientales, cuando les sea materialmente imposible recibirlos en el seno de su comunidad.

Un desafío
Ahora bien, según el Papa, el drama de no poder recibir juntos la Eucaristía no debe desalentar a los cristianos --ni a los católicos ni a los cristianos de las demás confesiones--. Se trata de una situación que debe «transformarse en un llamamiento a la purificación, al diálogo, al camino ecuménico de las Iglesias».

«La Eucaristía es, de este modo, un desafío y una provocación en el corazón mismo de la Iglesia para recordarnos el intenso, el extremo deseo de Cristo: "Que sean uno"», concluyó.