El Papa: La guerra, la pobreza y el racismo, amenazas al auténtico progreso

Discurso a embajadores de varios países acreditados ante la UNESCO

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CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 9 mayo 2004 (ZENIT.org).- Publicamos el discurso que dirigió Juan Pablo II este sábado a embajadores de varios países acreditados ante la Organización de las Naciones Unidas para al Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).



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Señor presidente,
excelencias:
[En inglés]
1. Os saludo con afecto, embajadores ante la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) en esta visita al Vaticano, y doy las gracias al embajador Omolewa por los amables sentimientos que ha expresado. Espero que vuestra visita a la ciudad eterna os enriquezca y os renueve en vuestros esfuerzos por proteger y promover el auténtico progreso educacional, científico y cultural.

El desarrollo de la sociedad humana está directamente ligado al progreso de la cultura. En realidad, la cultura es una manera específica de «vivir» y de «ser» del hombre y, al mismo tiempo, conforma un vínculo que determina el carácter único de la existencia social del ser humano. El hombre, de hecho, vive una auténtica vida humana gracias a la cultura, expresión importante que se basa en el arte y la ciencia.

[En francés]
2. La Iglesia siempre ha sido amiga del arte y de la ciencia. La herencia artística mundial es un tesoro de la creatividad humana; ofrece un testimonio elocuente de la inteligencia de la humanidad, que participa en la obra del divino Creador. La Iglesia ha recurrido constantemente a la ayuda de las bellas artes para celebrar el don de la vida y, en particular sus ritos sagrados, de una manera verdaderamente digna, adecuada y bella. De este modo, ha ayudado a desarrollar un patrimonio incomparable de música, de arte y de literatura, que representa una contribución significativa al progreso de la cultura. Además, la Iglesia alienta el desarrollo de las ciencias, especialmente en su promoción de la dignidad y del valor de la vida humana.

3. Este compromiso se expresa concretamente a través de la creación de numerosas instituciones, como la Academia Pontificia de las Ciencias, que ha celebrado recientemente su cuarto centenario, la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales y la Academia Pontificia para la Vida.

Por desgracia, en estos tiempos difíciles, nuestro progreso es amenazado con frecuencia por los males de la guerra, de la pobreza, del racismo y de la explotación del otro. Estas influencias nefastas no sólo pesan sobre nuestra existencia humana, sino que también obstaculizan nuestra capacidad para construir un mundo mejor.

4. Rezo para que organizaciones como la UNESCO sigan siendo un elemento esencial en la edificación de una auténtica cultura, fundada en la paz, la justicia y la equidad. Deseando lo mejor para el desarrollo de vuestra misión, invoco para vosotros y para vuestros colegas abundantes bendiciones divinas.

[Traducción del original en inglés y francés realizada por Zenit]