El Papa: la Iglesia no pide privilegios, sino llevar a cabo su misión

Recibe en audiencia a los miembros de la Asociación Nacional Ayuntamientos Italianos

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CIUDAD DEL VATICANO, lunes 14 de marzo de 2011 (ZENIT.org).- La Iglesia no pide privilegios, sino poder llevar a cabo libremente su propia misión en conformidad con el respeto de la libertad religiosa.

Lo recordó el pasado sábado el Papa Benedicto XVI a los miembros de la Asociación Nacional de Ayuntamientos Italianos (ANCI), a quienes recibió en audiencia en la Sala Clementina del Palacio Apostólico Vaticano, y junto a los cuales recordó la importancia de los ayuntamientos como “expresiones de una comunidad que se reúne, dialoga y proyecta unida, una comunidad de creyentes”.

“Y está viva siempre, también hoy, la necesidad de vivir en una comunidad fraterna donde, por ejemplo, parroquia y ayuntamiento sean, a la vez, artífices de un modus vivendi justo y solidario, incluso en medio de todas las tensiones y sufrimientos de la vida moderna”, afirmó.

La multitud de los individuos, de las situaciones no son contradictorias con la unidad de la Nación italiana, que celebra en estos días su 150 aniversario, afirmó el Papa.

Unidad y pluralidad, de hecho, “son, a distintos niveles, inclusive el eclesiológico, dos valores que se enriquecen mutuamente, si son considerados en un equilibrio justo y recíproco”.

Ambos principios permiten “esta coexistencia armoniosa entre la unidad y la pluralidad son los de la subsidiariedad y solidaridad, típicos de la enseñanza social de la Iglesia”, subrayó.

“Esta doctrina social tiene como objetivo que la verdad no pertenece sólo al patrimonio del creyente sino que es racionalmente accesible para todo el mundo”, afirmó el Papa, destacando el principio de subsidiariedad, considerado como “expresión de la libertad humana inalienable”.

Cuerpos intermedios

Citando pasajes de la Caritas in Veritate, el Papa explicó qué significa la subsidiariedad dentro de la doctrina social de la Iglesia: “La subsidiariedad es ante todo una ayuda a la persona, a través de la autonomía de los cuerpos intermedios”.

“Dicha ayuda se ofrece cuando la persona y los sujetos sociales no son capaces de valerse por sí mismos, implicando siempre una finalidad emancipadora, porque favorece la libertad y la participación a la hora de asumir responsabilidades”.

Como tal “es un principio particularmente adecuado para gobernar la globalización y orientarla hacia un verdadero desarrollo humano”. Subrayó.

Este principio “debe mantenerse íntimamente unido al principio de la solidaridad y viceversa, porque así como la subsidiariedad sin la solidaridad desemboca en el particularismo social, también es cierto que la solidaridad sin la subsidiariedad acabaría en el asistencialismo que humilla al necesitado”.

En este sentido, el Papa subrayó la importancia de estos “cuerpos intermedios” en la aplicación práctica del principio de subsidiariedad.

“Estos principios son aplicados a nivel municipal, en un doble sentido: en la relación con las instancias públicas estatales, regionales y provinciales, así como en las que las autoridades municipales tienen con los cuerpos sociales y las formaciones intermedias presentes en el territorio”.

Entre estas últimas, que desarrollan actividades de relevante utilidad social, hay numerosas realidades eclesiales, las parroquias, los oratorios, las casas religiosas, los institutos católicos de educación y de asistencia, recordó el Papa.



“Auguro que estas preciosas actividades encuentren siempre un apoyo y aprecio adecuado, también en términos de financiación”, añadió.

En este sentido, quiso “afirmar que la Iglesia no pide privilegios, sino el poder desarrollar libremente su misión, como exige un efectivo respeto a la libertad religiosa”.

Por último, el Papa quiso detenerse en la importancia del concepto de ciudadanía, que se coloca “en el contexto de la globalización, que se caracteriza, entre otras cosas, por los flujos migratorios”.

Frente a esta realidad, concluyó, “es necesario saber conjugar la solidaridad y el respeto a las leyes, de manera que no se vea afectada la convivencia social y se tengan en cuenta los principios de derecho y las tradiciones culturales y también religiosas en las que tiene su origen la Nación italiana.”.