El Papa lamenta reacciones al levantamiento de la excomunión

Agradece a los “amigos hebreos” que han ayudado a restablecer la amistad y la confianza

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CIUDAD DEL VATICANO, jueves 12 de marzo de 2009 (ZENIT.org).- Frente a la turbación de la paz entre los cristianos y los judíos, así como dentro de la propia Iglesia, a causa del levantamiento de la excomunión, el pasado 21 de enero, a los cuatro obispos consagrados ilegítimamente por monseñor Lefebvre en 1988, la Santa Sede ha hecho pública hoy una carta del propio Papa a los obispos de todo el mundo, en la que éste explica los hechos y las motivaciones de este caso, esperando “contribuir a la paz en la Iglesia”.

El Papa dirige esta “palabra clarificadora” sobre el caso a los obispos, lamentando que este gesto haya “suscitado por múltiples razones dentro y fuera de la Iglesia católica una discusión de una vehemencia como no se había visto desde hace mucho tiempo”.

Muchos obispos, reconoce el pontífice, “se han sentido perplejos ante un acontecimiento sucedido inesperadamente y difícil de encuadrar positivamente en las cuestiones y tareas de la Iglesia de hoy”.

Aunque muchos obispos y fieles “estaban dispuestos en principio a considerar favorablemente la disposición del Papa a la reconciliación, a ello se contraponía sin embargo la cuestión sobre la conveniencia de dicho gesto ante las verdaderas urgencias de una vida de fe en nuestro tiempo”.

Otros, en cambio, “acusaban abiertamente al Papa de querer volver atrás, hasta antes del Concilio”, lamenta. “Se desencadenó así una avalancha de protestas, cuya amargura mostraba heridas que se remontaban más allá de este momento”.

El Papa dirige por ello esta carta a los obispos, en la que explica los pormenores de su decisión, admite los errores de comunicación cometidos y expresa sus profundas motivaciones, además de explicar qué va a suceder a partir de ahora con la Fraternidad San Pío X.

El “caso Williamson”

En primer lugar, el Papa confiesa que el caso del obispo “lefebvriano” Richard Williamson, que en una entrevista concedida a la televisión sueca negó el Holocausto, ha supuesto “una contrariedad para mí imprevisible”.

El que él califica como “gesto discreto de misericordia” hacia aquellos obispos “apareció de manera inesperada como algo totalmente diverso: como la negación de la reconciliación entre cristianos y judíos y, por tanto, como la revocación de lo que en esta materia el Concilio había aclarado para el camino de la Iglesia”.

“Una invitación a la reconciliación con un grupo eclesial implicado en un proceso de separación, se transformó así en su contrario: un aparente volver atrás respecto a todos los pasos de reconciliación entre los cristianos y judíos que se han dado a partir del Concilio, pasos compartidos y promovidos desde el inicio como un objetivo de mi trabajo personal teológico”.

El Papa afirma que no puede menos que “deplorar profundamente” esta confusión causada por la superposición entre ambas cuestiones, y que esto “haya turbado la paz entre judíos y cristianos y también la paz dentro de la Iglesia”.

Reconoce también que “seguir con atención las noticias disponibles a través de Internet” le habría dado la posibilidad de “conocer tempestivamente el problema”, algo de lo que el Papa ha “sacado lección” para el futuro.

Pero lo que más ha entristecido al Papa ha sido la reacción de muchos católicos, “que en el fondo hubieran podido saber mejor cómo están las cosas, hayan pensado deberme herir con una hostilidad dispuesta al ataque”.

“Justamente por esto doy gracias a los amigos judíos que han ayudado a deshacer rápidamente el malentendido y a restablecer la atmósfera de amistad y confianza que, como en el tiempo del Papa Juan Pablo II, también ha habido durante todo el período de mi Pontificado y, gracias a Dios, sigue habiendo”, añade.

Las explicaciones fueron “insuficientes”

El Papa reconoce también que otro de los fallos en este caso ha sido que “el alcance y los límites de la iniciativa del 21 de enero de 2009 no se hayan ilustrado de modo suficientemente claro en el momento de su publicación”, algo que lamenta “sinceramente”.

En este sentido, vuelve a aclarar lo que significa la excomunión, por qué se aplicó a los seguidores de monseñor Lefevre, y por qué, por el mismo motivo, han sido levantadas ahora.

En aquel momento, las ordenaciones llevadas a cabo por monseñor Marcel Lefevre sin mandato pontificio, es decir, de forma válida pero ilegítima, significaba “el peligro de un cisma, porque cuestiona la unidad del colegio episcopal con el Papa”.

“Por esto, la Iglesia debe reaccionar con la sanción más dura, la excomunión, con el fin de llamar a las personas sancionadas de este modo al arrepentimiento y a la vuelta a la unidad”, explica.

Sin embargo, dado que “por desgracia, veinte años después de la ordenación, este objetivo no se ha alcanzado todavía”, se decidió levantar la excomunión.

“La remisión de la excomunión tiende al mismo fin al que sirve la sanción: invitar una vez más a los cuatro obispos al retorno”, añade.

Para este gesto fue necesario “que los interesados reconocieran en línea de principio al Papa y su potestad de Pastor, a pesar de las reservas sobre la obediencia a su autoridad doctrinal y a la del Concilio”.

El Papa aclara de nuevo que esta medida “afecta a personas y no a instituciones”, y que la Fraternidad San Pío X “no posee una posición canónica en la Iglesia”, debido a “razones doctrinales y no disciplinares”.

“Hasta que la Fraternidad no tenga una posición canónica en la Iglesia, tampoco sus ministros ejercen ministerios legítimos en la Iglesia”, reitera.

El cisma de 1988

Los cuatro obispos ordenados el 30 de junio de 1988 por monseñor Marcel Lefebvre, a los cuales les fue levantada la excomunión el pasado 21 de enero con Bernard Fellay – superior de la


Fraternidad San Pío X –, Bernard Tissier de Mallerais, Richard Williamson y Alfonso de Galarreta.

La excomunión latae sententiae hacia ellos fue declarada formalmente con un Decreto del prefecto de la Congregación para los Obispos. Al día siguiente, el papa Juan Pablo II constituía la Comisión Pontificia “Ecclesia Dei” para favorecer la vuelta a la comunión con la Iglesia a las comunidades afectadas por esta decisión.

El 15 de diciembre de 2008, monseñor Fellay había enviado una carta al cardenal Darío Castrillón Hoyos, presidente de la Comisión “Ecclesia Dei”, pidiendo en su nombre y el de los otros tres prelados el levantamiento de la excomunión.

El Decreto del 21 de enero de 2009 explicaba que el Papa, “paternalmente sensible al malestar espiritual manifestado por los interesados a causa de la sanción de excomunión, y confiando en el compromiso expresado por ellos en la citada carta de no ahorrar esfuerzo alguno para profundizar en necesarias conversaciones con las autoridades de la Santa Sede en las cuestiones aún abiertas”, decidía “reconsiderar la situación canónica de los obispos”.

“Con este acto se desea consolidar las relaciones recíprocas de confianza, intensificar y hacer más estables las relaciones de la Fraternidad San Pío X con la Sede Apostólica”, así como “ser también un signo para promover la unidad en la caridad de la Iglesia universal, y por su medio, llegar a remover el escándalo de la división”, aclaraba el Decreto.

[Por Roberta Sciamplicotti, traducción de Inma Álvarez]