El Papa llama a rezar el Rosario en familia por la paz del mundo y la misión de la Iglesia

En su intervención antes de rezar el Ángelus

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CASTEL GANDOLFO, domingo, 1 octubre 2006 (ZENIT.org).- Este domingo, primer día del mes que la Iglesia dedica tradicionalmente al Rosario y a las Misiones, Benedicto XVI ha recordado la esencia de esta oración mariana y ha pedido que se rece -en familia- por la paz, por las Misiones y también en apoyo de su ministerio petrino.



Reunidos junto al Papa en la residencia pontificia de Castel Gandolfo, miles de fieles y peregrinos respondieron a esta invitación acogiéndola con un fuerte aplauso.

«Es como si, cada año, Nuestra Señora nos invitara a redescubrir la belleza de esta oración, tan sencilla y profunda», reconoció el Santo Padre aludiendo además a la fiesta de la Virgen del Rosario, el próximo 7 de octubre.

El Rosario «oración contemplativa y cristocéntrica, inseparable de la meditación de la Sagrada Escritura», es «la oración del cristiano que avanza en la peregrinación de la fe, en el seguimiento de Jesús, precedido por María», sintetizó el Papa.

E invitó «a rezar el Rosario durante este mes en familia» y en esas otras familias espirituales más amplias, «en las comunidades y en las parroquias», «por las intenciones del Papa, por la misión de la Iglesia y por la paz del mundo».

Además quiso señalar al «gran apóstol del Rosario», su predecesor, «el amado» Juan Pablo II.

«Le recordamos arrodillado con la corona entre las manos, inmerso en la contemplación de Cristo, como él mismo invitó a hacer con la Carta Apostólica “Rosarium Virginis Mariae”, evocó Benedicto XVI.

Fue el 16 de octubre de 2002 cuando el Papa Karol Wojtyla celebró los 24 años de su pontificado con dos gestos simbólicos: la proclamación del Año del Rosario y la publicación de la citada Carta Apostólica dedicada a esta oración mariana.

Durante la tradicional audiencia de los miércoles, celebrada aquel día en la Plaza de San Pedro en el Vaticano ante miles de peregrinos de los cinco continentes, Juan Pablo II firmó esta Carta y puso en manos de la Virgen María «la vida de la Iglesia y la vida tan convulsionada de la humanidad».

En «Rosarium Virginis Mariae» («El Rosario de la Virgen María») el entonces pontífice presentó la oración mariana -si se reza «con devoción y no mecánicamente»- como una «meditación de los misterios de la vida y de la obra de Cristo».

Y como en los quince misterios del Rosario -que hasta entonces se contemplaban- faltaban los grandes acontecimientos de la vida pública de Cristo, en la nueva carta el Papa Karol Wojtyla añadió otros cinco misterios y los llamó «Misterios de luz».