El Papa pide a la Iglesia en Japón «presentar el rostro asiático de Jesús»

Conclusión de la visita de los prelados japoneses a la Santa Sede

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CIUDAD DEL VATICANO, 4 abr 2001 (ZENIT.org).- La violencia, la droga y el suicidio, fenómenos que por desgracia forman parte de la sociedad japonesa de inicios de siglo, deben ser, según Juan Pablo II, un llamamiento a los cristianos de ese país a responder anunciando el «rostro asiático» de Jesús.



El pontífice ha dado un impulso decisivo a la obra de evangelización de la Iglesia católica en Japón al recibir durante la semana pasada a los obispos de ese país, que vinieron al Vaticano para cumplir con su quinquenal visita al Papa y la Santa Sede.

Se trata de un país en el que la Iglesia católica, a pesar de que cuenta con un gran prestigio gracias a sus centros educativos y su obra de caridad y promoción humana, es vista como «occidental». De 126 millones de japoneses, tan sólo 440.000 están bautizados en el seno de la Iglesia católica.

Los obispos se entrevistaron personalmente con Juan Pablo II y con responsables de los diferentes organismos vaticanos para afrontar los desafíos pastorales, así como los proyectos y problemas de la Iglesia en el país del sol levante.

Al final de este maratón de citas, el sábado pasado, el pontífice se reunió con los prelados y les entregó un discurso en el que con gran realismo constata las dificultades que experimenta el cristianismo para convertirse en una propuesta de vida en Japón: «Los estrechos lazos entre religión, cultura y sociedad hacen particularmente difícil a los seguidores de las grandes religiones asiáticas abrirse al misterio de la Encarnación y concebir a Jesús como al único Salvador».

Por eso, explicó el pontífice es necesario que las verdades de la fe católica se traduzcan en «categorías más fácilmente accesibles a la sensibilidad asiática y a la mentalidad de vuestros pueblos».

Se trata, en definitiva, de «presentar el "rostro asiático de Jesús" de modo que esté en perfecta armonía con toda la tradición mística, filosófica y teológica de la Iglesia».

«En una época en la que muchos se encuentran confusos sobre el significado de la vida o buscan una luz que aclare las muchas cuestiones existenciales y morales que les preocupan, la verdad sobre la condición humana es la base esencial para construir una cultura y una sociedad dignas de la imagen de Dios presente en cada hombre y en cada mujer», constató.

En este sentido, el obispo de Roma denunció los efectos devastadores que tiene la cultura materialista: «¡Cuántas personas, incluso entre los ricos, sienten la amenaza de la desesperación al ver la falta de sentido de sus vidas, por el miedo al abandono en la vejez o la enfermedad, la marginación o la discriminación social!».

«Algunos caminos en los que las personas buscan consuelos llevan irremediablemente al fracaso y a la destrucción de los individuos y de la sociedad: la violencia, las drogas y el suicidio vienen de inmediato a la mente», añadió.

Ante esta situación, que demuestra como constataron los obispos católicos japoneses en sus informes al Papa, que la crisis japonesa es antes que económica espiritual, el reto que tienen los católicos hoy consiste en «anunciar el Evangelio de forma aún más visible y efectiva en la situación en que vivís».