El Papa pide a la ONU programas que respeten los derechos fundamentales

Discurso del pontífice al nuevo embajador de Brasil ante el Vaticano

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CIUDAD DEL VATICANO, 11 abril 2001 (ZENIT.org).- Juan Pablo II ha pedido con claridad a las Naciones Unidas y a las organizaciones internacionales que sus programas y organización tengan en cuenta los derechos fundamentales del hombre, que comienzan por e derecho a la vida.



El Santo Padre presentó esta propuesta el pasado sábado al recibir la cartas credenciales del nuevo embajador de Brasil (el país con el mayor número de católicos del mundo) ante la Santa Sede, Oto Agripino Maia (nacido en 1943 en Mosorò), diplomático de carrera.

Juan Pablo II hizo mención implícita de manera muy diplomática, como lo requería la situación, a las presiones que países como Brasil han sufrido para adoptar programas promovidos por las agencias de las Naciones Unidas y de organizaciones internacionales, que en ocasiones no tienen en cuenta los derechos humanos, especialmente de las personas más pobres o con acceso a niveles inferiores de educación. Este país en los últimos años ha experimentado campañas agresivas de esterilización o de control demográfico.

«Hago votos para que los principios que inspiraron esta participación en la sociedad de las naciones --estas fueron las palabras textuales del obispo de Roma--, se orienten según criterios cuyo norte fundamental consista en el respeto de la dignidad humana, sobre todo cuando se trata de la vida del no nacido, hoy en día seriamente amenazada por técnicas de reproducción que atentan contra la vida humana».

«Por otra parte --añadió--, el tráfico de drogas, la corrupción a todos los niveles, las desigualdades entre los grupos sociales, la destrucción irracional de la naturaleza atestiguan que sin una referencia moral se cae en un afán ilimitado de riqueza y de poder, que ofusca toda visión evangélica de la realidad social».

Dirigiéndose directamente a los gobernantes y políticos brasileños, Juan Pablo II pidió «un esfuerzo por vencer los desequilibrios sociales, la defensa del medio ambiente, la promoción y la defensa de los derechos de la infancia y de la mujer, la creación --que últimamente se ha hecho tan urgente-- de mejores condiciones de vida en las cárceles, y no por último, lógicamente, el respeto por la enseñanza religiosa en los centros de enseñanza».

Tras recordar que Brasil «está asumiendo un liderazgo cada vez mayor en el concierto de las naciones latinoamericanas» (es el país más grande de ese subcontinente y un gran impulsor de iniciativas como el Mercosur), el Santo Padre pidió a sus líderes asumir «iniciativas destinadas a la promoción de la paz, que influyen decididamente en la consolidación de la democracia en aquellas regiones».