El Papa pide a las Iglesias de rito oriental que no se cierren en el pasado

La evangelización, clave para superar las dificultades internas; afirma

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CIUDAD DEL VATICANO, 21 noviembre 2002 (ZENIT.org).- Juan Pablo II exhortó este jueves a representantes de las Iglesias católicas de rito oriental a no cerrarse en el pasado, sino a superar sus dificultades abriéndose a su vocación misionera.



Al encontrarse con 65 representantes que participaban en la asamblea plenaria de la Congregación vaticana de las Iglesias Orientales, el obispo de Roma relanzó la propuesta de la «renovación pastoral» de estas Iglesias, cuyo origen histórico está en las primeras comunidades cristianas.

«Cada comunidad eclesial particular, de hecho, no debe limitarse a estudiar sus problemas internos --aseguró--. Debe más bien abrirse a los grandes horizontes del apostolado moderno destinado a los hombres de nuestro tiempo, de manera especial hacia los jóvenes, los pobres, los "alejados"».

La Iglesia católica, según explica el «Anuario Pontificio», está compuesta por Iglesias particulares de rito latino (a las que pertenecen el mayor número de los católicos), así como por las Iglesias de ritos orientales, entre los que hay cinco tradiciones: la alejandrina, antioquena, armenia, caldea y constantinopolitana.

El Papa constató que entre estas comunidades, cuya sede está en países de Oriente Medio, Europa del Este, y Asia, constatan en muchas ocasiones «dificultades»: «Escasez numérica, falta de medios, aislamiento, condición de minoría».

Estas circunstancias, añadió, «impiden con frecuencia una serena y provechosa acción pastoral, educativa, asistencial y caritativa», Además, reconoció, estas comunidades registran «un incesante flujo migratorio hacia occidente por parte de los componentes más prometedores» de estas Iglesias.

Ante esta difícil situación, el Papa pidió a los cristianos orientales que no se cierren «en las fórmulas del pasado», sino que «se abran a una sana puesta al día», en italiano utilizó la palabra «aggiornamento», a la que recurría Juan XXIII para expresar la renovación que debía promover el Concilio Vaticano II.

La clave de esta actualización, concluyó citando precisamente al «Papa Bueno» está en la «sabia armonía entre lo nuevo y lo antiguo» («nova et vetera»).