El Papa pide a los enfermos rezar por la paz y la familia

No pudo asistir este martes a misa por un «ligero resfriado»

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CIUDAD DEL VATICANO, 12 febrero 2003 (ZENIT.org).- La celebración de la Jornada Mundial del Enfermo concluyó en la noche de este martes en Roma con una improvisada procesión de miles de fieles con velas para escuchar unas palabras de saludo del Papa quien padecía un «ligero resfriado».



Al concluir la misa en la Basílica de San Pedro del Vaticano, a la que no había podido asistir, el pontífice quiso de todos modos encontrarse con los presentes, algunos de ellos en silla de ruedas, y se asomó a la ventana de su habitación para pronunciar unas espontáneas palabras de saludo.

Entre los presentes se encontraban personas enfermas, quienes vinieron acompañados por voluntarios que colaboran en particular con las peregrinaciones de enfermos que se organizan a Lourdes y otros santuarios.

Con voz ronca el Papa leyó algunas párrafos del discurso que había preparado para esa ocasión en el que reveló afirmó: «En este año, turbado por no pocas preocupaciones por el futuro de la humanidad, he querido que la oración de Rosario tuviese como específicas intenciones la causa de la paz y de la familia».

«Vosotros, queridos hermanos y hermanas enfermos, estáis en "primera fila" para interceder por estas dos grandes finalidades».

Fuentes de la Sala de Prensa de la Santa Sede aclararon que el «ligero resfriado» que padeció este martes el Papa no tuvo mayores consecuencias en el desempeño de su agenda.