El Papa pide oponerse a programas de asistencia ligados a la esterilización y anticoncepción

Confirma a los obispos de Tanzania la posición de la Iglesia en la lucha contra el sida

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CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 11 marzo 2005 (ZENIT.org).- Juan Pablo II ha pedido la oposición de la Iglesia a los programas de asistencia económica que se imponen a países en vías de desarrollo el control de la población a través de la esterilización o la anticoncepción.



La propuesta forma parte del mensaje que entregó este viernes en el Policlínico Agostino Gemelli a los obispos de la Conferencia Episcopal de Tanzania, representados por el cardenal Polycarp Pengo, arzobispo de Dar-es-Salaam, y por monseñor Severine Niwemugizi, obispo de Rulenge y presidente de esa Conferencia Episcopal.

En respuesta a los «informes quincenales» redactados por los prelados, el Papa explica en el texto que «hoy la Iglesia está llamada a dar especial prioridad a la atención pastoral de la familia, a causa de los grandes cambios culturales que tienen lugar en el mundo moderno».

«Las nuevas ideas y estilos de vida que se proponen tienen que ser analizados cuidadosamente a la luz del Evangelio, de manera que estos valores esenciales para la salud y el bienestar de la sociedad sean preservados», añade la misiva.

En particular, «hay que resistir enérgicamente ante la injusta práctica de ligar los programas de asistencia económica a la promoción de la esterilización y anticoncepción».

«Estos programas son afrentas a la dignidad de la persona y de la familia», indica el pontífice en el mensaje escrito en inglés, citando el número 234 del recientemente publicado «Compendio de Doctrina Social de la Iglesia».

El pasaje del «Compendio», redactado por el Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz, citado por el Papa añade: «La respuesta a las cuestiones ligadas al crecimiento demográfico debería perseguirse más bien con el respeto tanto de las costumbres sexuales como de la ética social, promoviendo una mayor justicia y una auténtica solidaridad, de manera que se respete la dignidad de la vida en todas las circunstancias, comenzando por las condiciones económicas, sociales y culturales».

Asimismo, aseguró, estas políticas «amenazan con socavar la auténtica comprensión cristiana de la naturaleza y de los fines del matrimonio».

«Según el designio del Creador, el lazo sagrado del matrimonio simboliza la nueva y eterna alianza establecida con la sangre de Cristo. Único e indisoluble por naturaleza, tiene que permanecer abierto a la generación de nueva vida, en la que los cónyuges cooperan en la obra creadora de Dios», indica el Santo Padre.

«Como auténticos maestros de la fe, seguid proclamando estos principios y construid la Iglesia en vuestro país como Familia de Dios. Sólo de este modo se pueden sentar los sanos cimientos del futuro de la sociedad africana y del futuro de la Iglesia local», exhorta.

«La promoción de los genuinos valores familiares es más urgente que nunca, si se tiene en cuenta el terrible flagelo del sida que está afectando a vuestro país y a buena parte del continente africano», afirma el Santo Padre.

«Fidelidad en el matrimonio y abstinencia fuera de él son los únicos modos seguros de limitar una expansión mayor del contagio. La comunicación de este mensaje debe ser un elemento clave en la respuesta de la Iglesia a la epidemia», reconoce Juan Pablo II.

«Me hace sufrir en particular el considerar que muchos miles de niños han quedado huérfanos como consecuencia de este virus despiadado --confiesa por último--. La Iglesia desempeña un papel vital a la hora de ofrecer la atención y compasión necesarias para estas víctimas inocentes, trágicamente privadas del amor de sus padres».