El Papa pide reciprocidad en las relaciones entre musulmanes y cristianos

Ante el fenómeno de las migraciones «desde y hacia los países de mayoría islámica»

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CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 15 mayo 2006 (ZENIT.org).- Ante el creciente fenómeno de las migraciones «desde y hacia los países de mayoría islámica», Benedicto XVI insistió este lunes en la importancia del principio de la reciprocidad.



La reciprocidad, aclaró, consiste en «una relación fundada en el respeto recíproco y, ante todo, de una actitud del corazón y del espíritu».

Según este principio, los cristianos que están llamados a acoger «con los brazos abiertos» a inmigrantes de religión islámica esperan que también «los cristianos que emigran hacia países de mayoría islámica encuentren acogida y respeto de su identidad religiosa».

El pontífice afrontó este debate de candente actualidad en el discurso que dirigió a los participantes en la sesión plenaria del Consejo Pontificio de la Pastoral para los Emigrantes y los Itinerantes, que bajo la presidencia del cardenal Renato Raffaele Martino afronta hasta este martes el argumento de la «Migración y movilidad desde y hacia los países de mayoría islámica».

Según reconoció el obispo de Roma, «la movilidad que afecta a los países musulmanes merece una reflexión específica, no sólo por la importancia cuantitativa del fenómeno, sino sobre todo porque la islámica es una identidad característica, tanto desde el punto de vista religioso como cultural».

En este contexto, subrayó, «la Iglesia católica percibe con creciente conciencia que el diálogo interreligioso forma parte de su compromiso al servicio de la humanidad en el mundo contemporáneo».

«Vivimos en tiempos en los que los cristianos están llamados a cultivar un estilo de diálogo abierto sobre el problema religioso, sin renunciar a presentar a los interlocutores la propuesta cristiana, coherentemente con nuestra propia identidad».

Al explicar en qué consiste el principio de la reciprocidad, el pontífice citó la instrucción «Erga migrantes caritas Christi», firmada por el Consejo Pontificio de la Pastoral para los Emigrantes y los Itinerantes en mayo de 2004.

El documento define la reciprocidad «no como una actitud meramente reivindicativa, sino como una relación fundada en el respeto mutuo y en la justicia, en los tratamientos jurídico-religiosos».

«La reciprocidad es también una actitud del corazón y del espíritu que nos hace capaces de vivir, todos juntos, en todas partes, con iguales derechos y deberes», afirma la Instrucción.

«Una sana reciprocidad impulsa a todos a ser "abogados" de los derechos de las minorías allí donde la propia comunidad religiosa es mayoritaria», aclara ese texto en el número 64.

En este contexto, el Para recordó por una parte a los cristianos el mandamiento del amor que Cristo les dejo, según el cual, «cada uno de los creyentes está llamado a abrir sus abrazos y su corazón a toda persona, cualquiera que sea su país de proveniencia, dejando que las autoridades responsables de la vida pública establezcan al respecto las leyes que consideren oportunas para una sana convivencia».

«Los cristianos deben abrir su corazón en particular a los pequeños y a los pobres, en los que Cristo mismo está presente de modo singular», insistió.

Ahora bien, en virtud de la reciprocidad, «es de esperar que también los cristianos que emigran hacia países de mayoría islámica encuentren acogida y respeto de su identidad religiosa».