El Papa pide revisar el papel de los hospitales, en particular los católicos

Exige atender a las personas que carecen de servicios médicos elementales

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CIUDAD DEL VATICANO, 7 noviembre 2002 (ZENIT.org).- Juan Pablo II pidió este jueves «revisar» el papel de los hospitales, especialmente de los católicos, para que se conviertan en lugares en los que el dolor o la muerte sean comprendidos en su significado humano y cristiano.



El Santo Padre presentó su propuesta al encontrarse con los participantes en la XVII Conferencia Internacional sobre «La identidad de las instituciones católicas sanitarias», que reúne a expertos y profesionales sanitarios de todo el mundo en el Vaticano del jueves al sábado.

«Es un deber revisar la función de los hospitales, de las clínicas y de las casas de salud --afirmó el Papa--: su verdadera identidad no es sólo la de estructuras en las que se atiende a los enfermos y moribundos, sino ante todo la de ambientes en los que el sufrimiento, el dolor y la muerte son considerados e interpretados en su significado humano y específicamente cristiano».

«De modo especial esta identidad debe ser clara y eficaz en los institutos regidos por religiosos o relacionados de alguna manera con la Iglesia», afirmó el pontífice.

El obispo de Roma ofreció también el criterio fundamental para realizar esta revisión.

«Para comprender hasta el final la identidad de estas instituciones sanitarias --aseguró--, es necesario referirse al corazón mismo de lo que constituye la Iglesia, en la que la ley suprema es el amor».

«Las instituciones católicas de la salud se convierten así en testimonio privilegiado de la caridad del Buen Samaritano, pues a la hora de curar los enfermos, cumplimos con la voluntad del Señor y contribuimos a la realización del Reino de Dios. De este modo, expresan su auténtica identidad eclesial», aclaró el pontífice.

Asimismo afirmó que entre «las muchas necesidades que en nuestro tiempo interpelan a la sensibilidad» destaca la dramática realidad «de quienes carecen de los cuidados médicos más elementales».

Citando la carta programática de la Iglesia católica para inicios de siglo «Novo millennio ineunte» (n. 50), aseguró que « la Iglesia siente una particular preocupación por estos hermanos y hermanas, dejándose inspirar por una nueva "imaginación de la caridad"».

Por último, el obispo de Roma formuló el deseo de que se dé una colaboración eficaz entre las instituciones sanitarias católicas y públicas «unidas por el deseo común de servir al hombre, en particular al más débil o al que no tiene garantías sociales».