El Papa pide «un gran movimiento nacional de reconciliación» en Colombia

En el centenario de la consagración del país al Corazón de Jesús

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CIUDAD DEL VATICANO, 6 junio 2002 (ZENIT.org).- Juan Pablo II ha hecho un sentido llamamiento a la reconciliación nacional en Colombia al celebrarse el centenario de la consagración del país al Corazón de Jesús.



En un mensaje enviado con esta ocasión, el pontífice pide que la renovación de este gesto de amor a Cristo dé paso «a un gran movimiento nacional de reconciliación y perdón», en un país que vive 38 años de conflicto, contaminado por el narcotráfico, que en la última década ha dejado unos 40.000 muertos.

La Consagración del país latinoamericano tuvo también lugar también en tiempos de conflicto civil, durante la así llamada «guerra de los mil días», que entre el 17 de octubre de 1899 hasta el 1 de junio de 1903 enfrentó a conservadores y liberales.

En ese ambiente, el 22 de junio de 1902, los obispos, con el apoyo popular y de las autoridades civiles consagraron la República al Sagrado Corazón de Jesús, prometiendo edificar, además, un templo votivo donde se implorase la paz para la Nación.

En el mensaje, enviado a monseñor Alberto Giraldo Jaramillo, arzobispo de Medellín y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, el obispo de Roma vuelve a repetir el llamamiento que hizo el 22 de octubre de 1978, al comenzar su pontificado«¡Abrid de par en par las puertas a Cristo!».

La renovación de la Consagración al Corazón de Jesús, explica, no sólo debe ser un signo de «conversión personal», sino que «tiene que ir acompañada también de una profunda transformación social, la cual empieza por fortalecer la institución familiar, que es la más rica escuela de humanismo».

«La sociedad que escucha y sigue el mensaje de Cristo camina hacia la auténtica paz --asegura--, rechaza cualquier forma de violencia y genera nuevas formas de convivencia por el camino seguro y firme de la justicia, de la reconciliación y del perdón, fomentando lazos de unidad, fraternidad y respeto de cada uno».

Al mismo tiempo, concluye, la consagración al Corazón de Jesús debe ser «un momento para implorar de Dios el don de la paz y para comprometerse, cada uno desde su propio lugar en la sociedad, a poner las bases para la reconstrucción moral y material de vuestra comunidad nacional».