El Papa pide verificar la idoneidad de los seminaristas para vivir el celibato

En el momento de su admisión al seminario

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CIUDAD DEL VATICANOI, martes, 1 febrero 2005 (ZENIT.org).- Juan Pablo II ha pedido que en el momento en que los candidatos al sacerdocio entran al seminario se verifique su idoneidad para vivir el celibato con madurez afectiva.



El Santo Padre recoge esta propuesta en el mensaje que envió este martes al cardenal Zenon Grocholewski, prefecto de la Congregación para la Educación Católica, con motivo de la sesión plenaria que este dicasterio vaticano celebraba en Roma.

«Ya desde el momento de la admisión de los jóvenes al seminario hay que verificar atentamente su idoneidad para vivir el celibato de manera que lleguen, antes de la ordenación, a una certeza moral sobre su madurez afectiva y sexual», sugiere el pontífice que a causa de la gripe tuvo que suspender su encuentro con los participantes en la sesión.

La Congregación para la Educación Católica tiene autoridad para velar por la formación que imparten los seminarios, sirviéndose en particular de la Oficina para los Seminarios que, entre otras cosas, realiza visitas apostólicas a los mismos.

El Santo Padre, en su misiva, advierte implícitamente ante el peligro de centrarse únicamente en la formación académica de los futuros sacerdotes.

El «proyecto educativo en los seminarios», aclaró, debe tener «en cuenta la complementariedad fundamental de las cuatro dimensiones de la formación: humana, intelectual, espiritual y pastoral», según recogió la exhortación apostólica «Pastores dabo vobis» (15 de marzo de 1992), en la que este pontífice reunió las propuestas del sínodo mundial sobre «La formación de los sacerdotes en las circunstancias actuales» (30 de septiembre - 28 de octubre de 1990).

«A la luz de los actuales cambios sociales y culturales --recomienda el Papa en el mensaje--, puede ser útil en ocasiones que los educadores se sirvan del trabajo de especialistas competentes para ayudar a los seminaristas a comprender más a fondo las exigencias del sacerdocio, reconociendo en el celibato un don de amor al Señor y a los hermanos».