El Papa presenta a las nuevas beatas como «ejemplares testigos de la caridad de Cristo»

Ascensión del Corazón de Jesús y Marianne Cope

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CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 16 mayo 2005 (ZENIT.org).- Benedicto XVI presentó este lunes a las misioneras Marianne Cope y Ascensión del Corazón de Jesús, beatificadas este sábado, como «ejemplares testigos de la caridad de Cristo».



El Santo Padre repasó el testimonio de las dos religiosas al recibir en audiencia a 2.500 peregrinos venidos a Roma con motivo de esta beatificación, que presidió en nombre del Papa en la Basílica de San Pedro del Vaticano el cardenal José Saraiva Martins, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.

«Estas dos nuevas beatas nos ayudan a comprender mejor el sentido y el valor de nuestra vocación cristiana», aseguró el Santo Padre ante los fieles, en buena parte latinoamericanos, españoles y estadounidenses, congregados en la Sala de las Audiencias Pablo VI del Vaticano.

Hablando en castellano, el Papa recordó a Ascensión del Corazón de Jesús (1868-1940), cuyo nombre de pila era Florentina Nicol Goñi, cofundadora de las Hermanas Dominicas Misioneras del Santísimo Rosario, instituidas para la evangelización de las tribus amazónicas.

Dirigiéndose a estas religiosas, el Santo Padre les invitó a seguir su ejemplo, manteniendo «viva la experiencia de la cercanía de Dios en la vida misionera». Citó a la beata, a quien le gustaba decir: «qué cerquita se siente a Dios»,

El Santo Padre saludó a los peregrinos del Vicariato de Puerto Maldonado y de otras regiones peruanas, «que vieron florecer un fruto precioso de genuina evangelización, cultivado con esmero especialmente por manos femeninas».

Dirigió también unas palabras a los peregrinos de Navarra, tierra natal de la nueva beata, y de otras partes de España, «donde la semilla de la fe ha calado muy hondo y ha dado tantos misioneros en todas las partes del mundo».

«Que ella interceda ahora por todos vosotros, para que llevéis al mundo la luz que dio esplendor a su vida y gozo a su corazón», deseó.

Hablando en inglés, el Papa recordó a la estadounidense Marianne Cope (1838-1918), de las Hermanas Dominicas del Santísimo Rosario de Syracuse (Estados Unidos), evangelizadora de los leprosos.

«Fiel al carisma de la Orden y a imitación de san Francisco, quien abrazó a los leprosos, la madre Marianne se presentó como voluntaria para la misión con un "¡sí!" confiado. Y durante 35 años, hasta su muerte en 1918, nuestra nueva beata dedicó su vida al amor y servicio de los leprosos de las islas de Maui y Molokai».

«Sin duda, la generosidad de la madre Marianne fue, humanamente hablando, ejemplar --reconoció--. Ahora bien, las buenas intenciones y la generosidad no explican por sí solas de manera adecuada su vocación. Sólo la perspectiva de la fe es capaz de comprender su testimonio».

«Todo lo que logró estaba inspirado por su amor personal al Señor, que expresó a través de su amor a aquellos abandonados y rechazados por la sociedad de la manera más desdichada», concluyó.