El Papa presenta la respuesta de san Benito a un mundo que busca «referencias espirituales»

En la víspera de la fiesta del compatrón de Europa

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CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 10 julio 2005 (ZENIT.org).- En la víspera de la fiesta de san Benito, de quien ha tomado su nombre como Papa, Benedicto XVI presentó este domingo la santidad como propuesta de vida de los cristianos en un mundo que busca referencias espirituales «sólidas».



Al dirigirse por última vez desde la ventana de su estudio a unos 40.000 peregrinos antes de salir de vacaciones a los Alpes italianos, el pontífice dedicó su reflexión dominical con motivo del Ángelus al santo italiano de Nursia (480-547), fundador de los monjes benedictinos, sintetizando sus enseñanzas en «la búsqueda de Dios».

El obispo de Roma recordó que Benito creó en Subiaco, cerca de Roma, «una comunidad fraterna fundada en la primacía del amor de Cristo, en la que la oración y el trabajo se alternan armoniosamente en alabanza de Dios».

Puso por escrito este proyecto, añadió, en la «Regla». «Entre las cenizas del Imperio Romano --añadió--, Benito, buscando antes que nada el Reino de Dios, sembró, quizá sin ni siquiera darse cuenta, la semilla de una nueva civilización, que se desarrollaría, integrando los valores cristianos con la herencia clásica, por una parte, y de las culturas germánica y eslava por otra».

Benedicto XVI subrayó en particular un aspecto de la espiritualidad de Benito: «no fundó una institución monástica orientada principalmente a la evangelización de los pueblos bárbaros, como los demás grandes monjes misioneros de la época, sino que indicó a sus seguidores como objetivo fundamental de la existencia, es más, el único, la búsqueda de Dios».

«Sabía que cuando el creyente entra en relación profunda con Dios no puede contentarse con vivir de manera mediocre, con una ética minimalista y una religión superficial», indicó el Papa.

Desde esta perspectiva, indicó se entiende mejor la expresión de san Benito que el nuevo pontífice ya ha citado en varias ocasiones en estas primeras semanas de ministerio: «No anteponer nada al amor de Cristo».

«En esto consiste la santidad, propuesta válida para cada cristiano, que se ha convertido en una auténtica urgencia pastoral en nuestra época, en la que se experimenta la necesidad de anclar la vida y la historia en sólidas referencias espirituales», aseguró.

La reflexión del Papa de este domingo coincide con la última conferencia que pronunció el cardenal Joseph Ratzinger el 1 de abril de 2005 en Subiaco, en el monasterio de Santa Escolástica, al recibir el premio «San Benito por la promoción de la vida y de la familia en Europa».

En la conclusión, el día antes del fallecimiento de Juan Pablo II, el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la fe decía: «Benito, como Abraham, llegó a ser padre de muchos pueblos. Las recomendaciones a sus monjes presentadas al final de su "Regla" son indicaciones que nos muestran también a nosotros el camino que conduce a lo alto, a salir de la crisis y de los escombros».

Y añadía: «Lo que más necesitamos en este momento de la historia son hombres que, a través de una fe iluminada y vivida, hagan que Dios sea creíble en este mundo».