El Papa propone a Irán diálogo entre culturas y libertad religiosa

Recibe al nuevo embajador de Teherán ante el Vaticano

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CIUDAD DEL VATICANO, 22 enero 2001 (ZENIT.org).- Juan Pablo II propuso en la mañana de hoy a la República Islámica de Irán avanzar en el diálogo entre las culturas y exigió libertad para los cristianos que viven en ese país.



El pontífice hizo esta reivindicación al recibir las cartas credenciales del nuevo embajador de ese país, Mostafa Borujerdi, ante el Vaticano, en virtud de las relaciones diplomáticas estables que mantienen Roma y Teherán.

En Irán, con más de 60 millones de habitantes, los no musulmanes representan una pequeña minoría de unas 210 mil personas. Según la Constitución, de los 290 escaños del Parlamento, 5 corresponden a las minorías religiosas. Los cristianos, que son algo más de 100 mil, tienen derecho a tres escaños (uno para cristianos de rito asirio y caldeo y dos para los cristianos armenios); los judíos, segunda minoría, cuentan con un diputado; otro escaño corresponde a los zoroastrianos, que según un reciente censo son casi 10 mil.

El «Informe 2000 sobre la libertad religiosa», publicado por Ayuda a la Iglesia Necesitada, constata, sin embargo, que la apostasía del Islam es castigada con la muerte en el país, ya sea para quien la induce ya sea para quien abandona esta religión.

El mismo informe revela que los cristianos están abandonando el país «pues ya no pueden abrir restaurantes, abrir pequeños kioscos, ser peluqueros o dentistas. La vida de uno que no es musulmán vale mucho menos en caso de accidente, la sanción pecuniaria por un atropello es más de cien veces inferior», revela el informe.

Para fundamentar sus propuestas, el pontífice citó declaraciones del mismo presidente iraní, Seyed Mohammad Jatami, quien en los últimos años ha conducido una política de diálogo con Occidente.

El Santo Padre, recordó, que ha sido el mismo Jatami quien propuso a la Asamblea General de las Naciones Unidas declarar el año 2001 como «Año Internacional del Diálogo entre las Civilizaciones».

Se trata de un argumento muy querido por el Papa hasta el punto que le dedicó el mensaje con motivo de la Jornada Mundial de la Paz celebrado el pasado 1 de enero (Cf. Diálogo entre las culturas, condición para la paz).

De este modo, el Papa repitió ante el embajador iraní el llamamiento que hizo en ese documento a evitar «las manifestaciones patológicas que se dan cuando el sentido de pertenencia asume tonos de autoexaltación y de exclusión de la diversidad, desarrollándose en formas nacionalistas, racistas y xenófobas» (No. 6).

En este sentido, el pontífice consideró que un paso interesante tuvo lugar en Roma, el año pasado, cuando se organizó en Roma un Coloquio patrocinado por el Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso y el Secretariado para el Diálogo Interreligioso de la Organización para la Cultura y la Comunicación Islámicas. Otra iniciativa de este tipo tendrá lugar a finales de este año en Teherán.

El Papa hizo saber también al diplomático iraní que la Santa Sede quiere contar con el apoyo de las autoridades de su país para asegurar «que los fieles católicos de Irán --presentes en esa región del mundo desde los primeros siglos del cristianismo-- gocen de libertad para profesar su religión y seguir siendo parte de la rica vida cultural de la nación».

«Si bien la comunidad cristiana es una pequeña minoría --concluyó el Santo Padre--, se considera así mismo como auténticamente iraní, y después de siglos viviendo junto a hermanos y hermanas musulmanes, su único interés es el de contribuir cada vez más con el mutuo entendimiento y respeto entre creyentes cristianos y seguidores del Islam».