El Papa propone a San José como guía y modelo en toda vocación

En su intervención antes de rezar el Ángelus junto a miles de peregrinos

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CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 19 marzo 2006 (ZENIT.org).- El Papa aprovechó este domingo su intervención antes de rezar el Ángelus para hacerse eco de la «invitacion» de San José a vivir con fidelidad la vocación a la que cada persona ha sido llamada.



La celebración propiamente dicha de la solemnidad de San José, esposo de María Santísima y Patrono de la Iglesia universal, se pospone de este 19 de marzo al día siguiente, pues ha coincidido con el tercer domingo de Cuaresma.

Pero el contexto mariano del Ángelus ofreció a Benedicto XVI la posibilidad de detenerse en esta figura, como él mismo reconoció.

«Me gusta recordar que de San José era muy devoto también el amado Juan Pablo II, quien le dedicó la Exhortación Apostólica Redemptoris Custos – Custodio del Redentor y con seguridad experimentó su asistencia en la hora de la muerte».

La alusión de Benedicto XVI a su predecesor levantó –como está ocurriendo siempre— un cerrado aplauso entre los fieles y peregrinos que llenaron la Plaza de San Pedro en el Vaticano.

La inestabilidad del tiempo no les impidió acudir a orar con el Papa, quien recalcó la «importancia fundamental» de San José en la historia de la salvación, aún habiendo permanecido más bien escondido.

Y le comparó con la Virgen, tanto como «auténtico heredero de la fe de Abraham» como por su grandeza «que resalta aún más porque su misión se desarrolló en la humildad y en lo escondido de la casa de Nazaret», un «estilo de vida» que además «Dios mismo, en la Persona de su Hijo encarnado, eligió».

«Del ejemplo de San José llega a todos nosotros una fuerte invitación a desarrollar con fidelidad, sencillez y modestia la tarea que la Providencia nos ha asignado», subrayó el Papa.

Y dirigió su pensamiento ante todo a «los padres y madres de familia», orando «para que sepan siempre apreciar la belleza de una vida sencilla y laboriosa, cultivando con atención la relación conyugal y cumpliendo con entusiasmo la grande y no fácil misión educadora».

Encomendó también a quienes «ejercen la paternidad respecto a las comunidades eclesiales», a los sacerdotes, para que San José les obtenga «amar a la Iglesia con afecto y plena dedicación».

A su intercesión recurrió igualmente para que sostenga «a las personas consagradas en su gozosa y fiel observancia de los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia».

Y no omitió pedir a San José protección para «los trabajadores de todo el mundo», a fin de que «contribuyan con sus distintas profesiones al progreso de toda la humanidad».

Sobre el verdadero sentido del trabajo Benedicto XVI se había detenido momentos antes, al presidir en la Basílica Vaticana la Eucaristía por los trabajadores, de quienes San José también es patrono.

Antes de dirigir el rezo del Ángelus y de impartir su bendición, el Santo Padre pidió finalmente al esposo de María Santísima su ayuda para «todo cristiano», para que pueda «realizar con confianza y amor la voluntad de Dios, cooperando así al cumplimiento de la obra de la salvación».