El Papa propone el ayuno como «arma» para vencer al odio y la violencia (CON FECHA CORREGIDA))

Recuerda la jornada convocada para el 14 de diciembre, final del Ramadán

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CIUDAD DEL VATICANO, 9 diciembre 2001 (ZENIT.org).- Juan Pablo II presentó este domingo el ayuno y la oración como «armas» para superar el odio y la violencia que en estos momentos ensombrecen el escenario internacional.



«La paz o la violencia brotan del corazón del hombre, sobre el que sólo Dios tiene poder --explicó--. Convencidos de ello, los creyentes adoptan desde siempre contra los más graves peligros las armas del ayuno y de la oración, acompañándolos con obras de caridad concreta».

El pontífice pronunció estas palabras a mediodía al saludar desde la ventana de su biblioteca a los miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro para rezar la oración mariana del «Angelus».

«En la compleja situación internacional actual --dijo el Santo Padre--, la humanidad esta llamada a movilizar sus mejores energías para que el amor prevalezca sobre el odio, la paz sobre la guerra, la verdad sobre la mentira, el perdón sobre la venganza».

Por este motivo, reconoció, ha tomado la iniciativa de invitar a todos los católicos del mundo a observar un día de ayuno y oración el 14 de diciembre «para implorar de Dios una paz estable, fundada sobre la justicia».

Tras constatar con satisfacción que la iniciativa ha recibido la adhesión de judíos y musulmanes y de fieles de otras religiones, explicó que el creyente, con el ayuno se compromete «a convertir el corazón y las acciones hacia una mayor justicia con Dios y con el prójimo».

«Al ayunar, se reconoce con confiada humildad que una auténtica renovación personal y social sólo puede venir de Dios, del que todos dependemos radicalmente --insistió el obispo de Roma--. El ayuno permite, además, compartir el pan cotidiano con quien no lo tiene, más allá de todo pietismo o asistencialismo engañoso», añadió.

Por último, el Papa Wojtyla reveló que ha escogido la fecha del día de ayuno en coincidencia con el final de Ramadán con el deseo de que «la actitud de religiosa penitencia acreciente la comprensión recíproca entre cristianos y musulmanes, llamados más que nunca, en la época actual, a ser juntos constructores de justicia y de paz».
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