El Papa propone el ejemplo de san Juan Crisóstomo para superar el gran cisma

Carta en el decimosexto aniversario de su fallecimiento

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CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 8 noviembre 2007 (ZENIT.org).- Benedicto XVI ha propuesto el ejemplo de san Juan Crisóstomo (347-407), patriarca de Constantinopla, en el decimosexto centenario de su fallecimiento, para superar la división entre los cristianos de oriente (en su mayoría ortodoxos) y de occidente.



La propuesta del Papa es presentada en una extensa carta que se leyó este jueves en la inauguración del Congreso Internacional sobre San Juan Crisóstomo, que se celebra en el Instituto Patrístico «Augustinianum» de Roma (junto al Vaticano) del 8 al 10 de noviembre de 2007

El patriarca Juan pasó a la historia como «Crisóstomo», «boca de oro», por su predicación excelsa. Es considerado padre común tanto por los cristianos de oriente como de occidente. Su fallecimiento tuvo lugar en el destierro, el 14 de septiembre del año 407.

En su misiva el Papa subraya «el extraordinario esfuerzo que realizó san Juan Crisóstomo para promover la reconciliación y la plena comunión entre los cristianos de Oriente y Occidente».

«En particular, fue decisiva su contribución para acabar con el cisma que separaba a la sede de Antioquía de Roma y de las demás Iglesias occidentales», explica el Santo Padre. Crisóstomo antes de ser patriarca de Constantinopla fue obispo de esa sede.

La obra del santo, explicó el Papa, sirvió para superar pacíficamente el cisma, restableciéndose la plena comunión entre las Iglesias.

Citando los escritos de Crisóstomo, Benedicto XVI recuerda: «Los fieles, en Roma, consideran a los que están en la India como miembros de su mismo cuerpo».

«La Iglesia --decía el patriarca de Constantinopla-- no existe para que los que han sido reunidos se dividan, sino para que quienes están divididos puedan unirse».

Sacando las lecciones que dejó el patriarca oriental, el Papa explicó que «nuestra fe en Cristo exige que nos comprometamos en una unión efectiva, sacramental, entre los miembros de la Iglesia, acabando con todas las divisiones».

La misiva recuerda que Juan Pablo II, en noviembre de 2004, entregó al patriarcado ecuménico de Constantinopla reliquias de los santos Juan Crisóstomo y Gregorio Nacianceno.

El Papa Karol Wojtyla quería que ese gesto fuera «una ocasión bendita para purificar nuestras memorias heridas, para fortalecer nuestro camino de reconciliación», entre ortodoxos y católicos.

«Estoy contento, por tanto --confiesa el Papa-- por el hecho de que el centenario de la muerte de san Juan me ofrezca la oportunidad de volver a evocar su luminosa figura y de proponerla a la Iglesia universal para la edificación común».