El Papa propone pautas para superar la crisis de vocaciones religiosas

Amor a Cristo y fidelidad a la Iglesia; sugiere a obispos brasileños

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CIUDAD DEL VATICANO, 10 diciembre 2002 (ZENIT.org).- Juan Pablo II propuso este martes pautas para superar la crisis de vocaciones a la vida religiosa que atraviesa Brasil, país que sin embargo es hoy un semillero de vocaciones al sacerdocio diocesano en toda la Iglesia católica.



Según datos del Anuario Estadístico de la Iglesia Católica, en 1995, Brasil contaba con 7.600 sacerdotes religiosos; en el año 2000 eran 7.358. En ese mismo período, sin embargo, el número de sacerdotes diocesanos del país con el mayor número de católicos del mundo pasó de 7.882 a 9.240.

La crisis de vocaciones religiosas en Brasil se da también entre las consagradas. En 1995, en el país había 36.031 religiosas, mientras que en el 2000 eran 35.365.

En estos momentos, en los seminarios de Brasil, hay 5.384 estudiantes de filosofía y teología que quieren ser sacerdotes diocesanos, mientras que los que quieren ser sacerdotes religiosos son 3.447. Esta proporción, hace unas décadas estaba totalmente invertida.

Al concluir la su quinquenal visita «ad limina apostolorum» a Roma de los obispos de la Región Nordeste III de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil, Juan Pablo II se detuvo en su tradicional discurso a analizar esta crisis de vocaciones religiosas, particularmente preocupante si se tiene en cuenta que los religiosos han sido a lo largo de la historia los protagonistas de la evangelización del país, que hoy cuenta con unos 144 millones de bautizados en el seno de la Iglesia católica.

El mismo Papa reconoció, como también lo demuestran los datos del Anuario Estadístico, que «se trata de un problema de gran importancia para la vida de la Iglesia en todo el mundo».

Como respuesta al fenómeno, el pontífice ofreció una clave: «Una vida religiosa que no expresa la alegría de pertenecer a la Iglesia y, con ella, a Jesucristo, ha perdido ya la primera y fundamental oportunidad de una pastoral vocacional».

En particular, el Papa pidió a los responsables de las congregaciones e institutos religiosos «ofrecer a los novicios y novicias una formación humana, intelectual y espiritual que permita una conversión de todo su ser a Cristo, para que la consagración configure cada vez más su oblación al Padre».

Pasando a detalles más concretos, el Santo Padre recordó que «las actividades y los programas de la Conferencia Nacional de los Religiosos deben, ante todo, caracterizarse por el reverente acatamiento y la especial obediencia al sucesor de Pedro y las directrices emanadas por la Sede Apostólica».

Estas actividades de las conferencias de religiosos, añadió, «deben estar bajo la supervisión y la responsabilidad concreta de los superiores mayores y del obispo diocesano».

El Papa advirtió asimismo de la confusión que crea en algunas personas de buena fe los proyectos de «refundación de las Congregaciones», pues en ocasiones descuidan que este término debería significar «sobre todo volver a comenzar integralmente desde Cristo y examinar con humildad y generosidad su sentir con la Iglesia» --utilizó la expresión latina más completa «sentire cum Ecclesia»--.

Para afrontar el desafío de la crisis vocacional, el sucesor de Pedro pidió a los religiosos y a las religiosas hacer un examen de conciencia sobre la aplicación que se ha hecho de la renovación propuesta por el Concilio Vaticano II. «¿Han procurado seguir fielmente y han producido los frutos de santidad y de celo apostólico que se esperaban?», preguntó.

«Algunos documentos publicados en años posteriores, con mi aprobación, sobre la formación de los Institutos religiosos y sobre la vida contemplativa (por ejemplo, la instrucción «Verbi sponsa» de 1999) --añadió--, ¿han sido puestos en práctica?».

«La renovación de la vida religiosa dependerá del crecimiento en el amor de Dios, teniendo siempre presente que "la contemplación de las cosas divinas y la unión asidua con Dios en la oración debe ser primer y principal deber de todos los religiosos"», dijo el Papa citando el canon 663,1 del Código de Derecho Canónico

«El único modo efectivo de descubrir cada vez más la propia identidad es el arduo, pero consolador, camino de conversión sincera y personal, con un humilde reconocimiento de las propias imperfecciones y pecados; y la confianza en la fuerza de la resurrección de Cristo ayudará a superar toda aridez y debilidad, a eliminar el sentido de desilusión experimentado en ciertas ocasiones».

En definitiva, la respuesta del Papa para superación de la crisis está en no reducir el compromiso de los religiosos a favor del hombre «en una sola dimensión, que inevitablemente acaba siendo historicista e inmanentista». Por ello, dijo, hacen falta religiosos de «oración y trabajo».

«Acción y contemplación son binomios que en Cristo nunca se deterioran en contraposiciones antitéticas --aclaró--, sino que maduran en mutua complementariedad y fecunda integración».

«La sociedad actual necesita ver en los hombres y las mujeres consagrados la armonía que existe entre lo humano y lo divino, entre las cosas visibles e invisibles, y cómo las segundas superan a las primeras, sin banalizarlas ni humillarlas, sino más bien elevándolas al nivel del plan eterno de salvación», concluyó.