El Papa: «Quo vadis?»; una pregunta siempre actual

Comentario de Juan Pablo II a la nueva edición polaca de la película

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CIUDAD DEL VATICANO, 31 agosto 2001 (ZENIT.org).- En la tarde del pasado jueves, Juan Pablo II asistió en la sala de las audiencias del Vaticano a la presentación mundial de la nueva película polaca «Quo Vadis?», realizada bajo la dirección de Jerzy Kawalerowicz (Cf. Zenit, 30 de agosto de 2001)



Al final de la proyección, el pontífice dirigió estas palabras a los presentes en italiano, en un primer momento, y en polaco después.

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1. Deseo expresar mi más vivo reconocimiento a cuantos han hecho posible esta tarde la premiere de una obra, que bajo muchos aspectos es tan significativa. Felicito ante todo al director, el señor Jerzy Kawalerowicz, por haber realizado un trabajo de amplias miras, que demuestra la actualidad de la novela de Henryk Sienkiewicz, escrita hace más de un siglo por la que ganó el Premio Nobel en 1905.

Esta nueva adaptación cinematográfica ha sido realizada con motivo del año 2000. Durante el Gran Jubileo, Cristo en un cierto sentido ha recorrido de nuevo las calles de Roma y de todo el mundo. Y nosotros le hemos repetido las palabras del apóstol Pedro, transmitidas por san Ambrosio («Serm. c. Auxentium», 13): «Domine, quo vadis?», «Señor, ¿a dónde vas?». Y Jesús, como entonces, nos ha respondido: «Venio iterum crucifigi», «Vengo para ser crucificado de nuevo». Es decir, vengo a renovar mi don de salvación a todos los hombres, en la aurora del tercer milenio. En esta perspectiva asume un profundo significado la intención del director de replantear la pregunta de Pedro como dirigida al hombre contemporáneo: «Quo vadis, homo?». «Hombre, ¿a dónde vas?». «Vas hacia el encuentro con Cristo o sigues otros caminos que te llevan lejos de Él y de ti mismo?».

Este interrogante impresiona más aún, si se considera que el lugar en el que nos encontramos en estos momentos es precisamente en el que hace dos mil años acontecieron algunos de los hechos narrados por la novela y por el filme «Quo vadis». Nos encontramos, de hecho, en el área del circo de Nerón, donde muchos cristianos sufrieron el martirio, incluido san Pedro. Ese mismo obelisco, que entonces se encontraba en medio del circo, y que desde el siglo XVI se yergue en la plaza de San Pedro, corazón del mundo católico, es testigo mudo de aquellos acontecimientos, trágicos y gloriosos. El obelisco se encuentra coronado por la Cruz, como queriendo recordar que cielo y tierra pasarán, con los imperios y los reinos humanos, pero Cristo permanece: Él es el mismo: ayer, hoy y siempre.

[A continuación, el Papa dejó de hablar en italiano para continuar en polaco] .

Muchas gracias por esta particular tarde a todos los presentes, en especial a los productores de la película: al director Jerzy Kawalerowicz, a los estupendos actores y a quienes de diferentes maneras han contribuido en la realización de esta obra.

Una evaluación artística del filme la realizarán dentro de poco los críticos. Yo quiero sólo agradecer el cuidado con que ha sido realizado --cuidado no solo por la obra maestra de Sienkiewicz, sino sobre todo por la tradición cristiana, de la que nace--. No se puede comprender el actual contexto de la Iglesia y de la espiritualidad cristiana sin regresar a las vicisitudes religiosas de los hombres que, entusiasmados por la «buena nueva» de Jesucristo, se convirtieron en sus testigos. Es necesario regresar a ese drama que se verificó en sus almas, en el que se enfrentaron el temor humano con el valor sobrehumano, el deseo de vivir y la voluntad de ser fiel hasta la muerte, el sentido de la soledad ante el odio impasible y al mismo tiempo la experiencia de la potencia que mana de la cercana, invisible presencia de Dios y de la fe común de la Iglesia naciente. Hay que regresar a aquel drama para que surja la pregunta: ¿se verifica en mí algo de aquel drama? La película «Quo vadis» hace posible regresar a esta tradición de pruebas emocionantes y ayuda a identificarse con ella.

Una vez más doy las gracias a todos.

3. Doy las gracias de nuevo a todos los que han ofrecido y organizado la premiere de esta tarde, y os imparto de corazón a todos vosotros una especial Bendición Apostólica.

[Traducción del texto original en italiano y polaco realizada por Zenit] .