El Papa recuerda la reevangelización de Alemania por Pedro Canisio

Sus tres armas, paz, amor y perseverancia

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CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 9 de febrero de 2011 (ZENIT.org).- El jesuita holandés Pedro Canisio es el segundo Doctor de la Iglesia presentado hoy por el Papa Benedicto XVI, dentro del ciclo de Doctores de la Iglesia, en la Audiencia General celebrada en el Aula Pablo VI.

El Papa narró la vida de este santo, que dedicó su vida a revitalizar la fe católica en la Alemania de la Reforma, hasta el punto de que fue proclamado en 1897 como segundo Apóstol de Alemania por el papa León XIII.

Especialmente destacó cómo su “firmeza en la fe” fue siempre acompañada por “el respeto a la persona”, así como la evangelización “mediante la coherencia de la fe con la vida” en un tiempo de fuertes luchas y odio religioso.

Nacido en Nimega (Holanda), Pedro Canisio entró joven en la Compañía de Jesús, después de una experiencia en la Cartuja, cuya espiritualidad le marcó profundamente.

De hecho, explicó el Papa, este santo “se había formado en esta amistad con Jesús en el ambiente espiritual de la Cartuja de Colonia”, con una “espiritualidad cristocéntrica” que daba gran valor a la oración mental personal.

Apenas ordenado sacerdote, participó en el Concilio de Trento con otros dos grandes jesuitas, Diego Laínez y Alfonso Salmerón.

San Ignacio de Loyola le mandó a Roma a completar sus estudios, y luego le encomendó la difícil tarea del apostolado en Alemania.

“Debemos tener presente que nos encontramos en el tiempo de la Reforma luterana, en el momento en que la fe católica en los países de lengua germánica, ante la fascinación de la Reforma, parecía que se apagaba”, explicó el Papa.

“Era un deber casi imposible el de Canisio, encargado de revitalizar, de renovar la fe católica en los países germanos. Sólo era posible con la fuerza de la oración. Era posible solo desde la base, es decir desde una amistad profunda con Jesucristo; amistad con Cristo en su Cuerpo, la Iglesia, que se alimenta en la Eucaristía, Su presencia real”, añadió.

Canisio evangelizó Alemania hasta su muerte, desde la vida académica, la predicación, las obras de caridad y la reforma religiosa y moral del pueblo. Además, llevó a cabo importantes traducciones de escritos de san Cirilo, san Jerónimo y san León Magno.

Su obra más importante fueron sus Catecismos, destinados a los estudiantes, a los niños y a los jóvenes, que han sido reeditados cientos de veces, hasta el siglo XX.

“En Alemania, todavía en la generación de mi padre, la gente llamaba al Catecismo, simplemente el Canisio: es realmente el catequista de los siglos, ha formado la fe de las personas durante siglos”, comentó el Papa.

Pero sobre todo, el Papa quiso resaltar como característica de san Pedro Canisio “saber combinar armoniosamente la fidelidad a los principios dogmáticos con el debido respeto a cada persona”.

“San Canisio distinguió la apostasía consciente, culpable, de la fe, de la pérdida de la fe inocente, por las circunstancias. Y declaró, frente a Roma, que la mayor parte de los alemanes pasaron al Protestantismo sin culpa”.

“En un momento histórico de fuertes contrastes confesionales, evitaba – esta es una cosa extraordinaria – la aspereza y la retórica de la ira – cosa rara como he comentado, en esos tiempos y en las discusiones entre los cristianos – y se preocupaba sólo de la presentación de las raíces espirituales y de la revitalización de la fe en la Iglesia”.

En su diario había anotado que Jesucristo “le da un vestido con tres partes que se llaman paz, amor y perseverancia. Y con este vestido compuesto de paz, amor y perseverancia, Canisio ha realizado su obra de renovación del catolicismo”, subrayó.

La enseñanza de este santo, más que con sus obras, es “sobre todo con su vida”, concluyó Benedicto XVI. “Nos enseña que el ministerio apostólico es robusto y produce frutos de salvación en el corazón, sólo si el predicador es un testigo personal de Jesús y sabe ser instrumento a su disposición, estrechamente unido a Él por la fe en su Evangelio y en su Iglesia, por una vida moralmente coherente y por una oración incesante como el amor”.

“Y esto vale para cada cristiano que quiera vivir con esfuerzo y fidelidad su adhesión a Cristo”.