El Papa reza en Pompeya el Rosario por un mundo «azotado por vientos de guerra»

Los misterios luminosos por la paz en cada uno de los cinco continentes

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POMPEYA, 7 octubre 2003 (ZENIT.org).- Juan Pablo II rezó este martes el Rosario por la paz en el mundo al visitar el santuario de la Virgen de Pompeya, localidad del sur de Italia cercana a Nápoles, peregrinación con la que ha querido culminar el año dedicado a esta práctica de oración.



Acogido calurosamente por más de 30.000 peregrinos, el Santo Padre, que llegó en helicóptero, elevó su súplica por «este inicio de milenio, azotado por vientos de guerra y regado por la sangre de muchas regiones del mundo».

Habitantes que viven junto a los restos de la antigua ciudad romana, sepultada bajos las cenizas del Vesuvio en el año 79 después de Cristo, así como fieles provenientes de Estados Unidos, Polonia, o Francia... estallaron en un fuerte aplauso liberador cuando vieron la figura blanca subir al palco colocado en el atrio del templo.

Las noticias publicadas por los periódicos en los últimos días habían provocado en algunos el temor a que el Santo Padre tuviera que cancelar su viaje apostólico número 143 dentro de Italia, el único de 2003. Una vez más, con su presencia, desmintió las previsiones periodísticas.

«La visita de hoy constituye, en cierto sentido, la coronación del Año del Rosario», afirmó el Santo Padre, proclamado en el preámbulo de su vigesimoquinto aniversario de pontificado.

Según él mismo constató, «ha producido un significativo despertar de esta oración, sencilla y profunda al mismo tiempo, que toca el corazón de la fe cristiana y resulta sumamente actual ante los desafíos del tercer milenio y del urgente compromiso por la nueva evangelización».

«Hoy, como en los tiempos de la antigua Pompeya, es necesario anunciar a Cristo a una sociedad que se está alejando de los valores cristianos y pierde incluso su recuerdo», añadió durante la ceremonia, que duró más de dos horas.

Juan Pablo II rezó los misterios de la luz, que introdujo en octubre del año pasado a la fórmula clásica del Rosario. Cada uno de ellos fue dedicado a la paz en un continente. Representantes de Europa, Asia, África, América y Oceanía subieron al palco para encender un cirio ante la imagen de la Virgen.

«Hemos meditado los misterios de la luz, como queriendo proyectar la luz de Cristo sobre los conflictos, las tensiones, y los dramas de los cinco continentes», explicó después el Papa.

«El Rosario --aseguró-- es una oración orientada por su propia naturaleza a la paz. No sólo porque nos lleva a invocarla, apoyados en la intercesión de María, sino también porque nos hace asimilar, junto a el misterio de Jesús, su proyecto de paz».

En nombre de los presentes, el obispo de Pompeya, monseñor Domenico Sorrentino, deseó al Papa que el Señor «lo mantega en vida por mucho tiempo como testigo de paz».

Tras rezar el Rosario, el Papa pronunció palabras de conmovido agradecimiento: «Gracias, gracias Pompeya. Gracias a todos los peregrinos por esta cálida y bellísima acogida. Gracias a los cardenales y obispos presentes», dijo.

«Gracias a las autoridades del país, de la región, de la ciudad. Gracias por el entusiasmo de los jóvenes. Gracias a todos. Rezad por mí en este santuario, hoy y siempre», concluyó.

Los detenidos de la cárcel de Poggioreale, una de las más grandes de Italia, le enviaron un mensaje al Papa con motivo de su visita a Pompeya: «Usted no falta jamás a la cita con los que sufren», escriben y añaden: «Es usted un ejemplo para nosotros, los que hemos optado por el mal camino».

El helicóptero del Papa que le trajo de regreso a Roma aterrizó en el helipuerto del Vaticano a las 14.15, con una hora de retraso con respecto al programa.

Al Santo Padre le esperan días intensos, en los que celebra el vigesimoquinto aniversario de pontificado (16 de octubre), elevará a la Madre Teresa a los altares (19 de octubre) y creará 31 nuevos cardenales (21 de octubre), entre otras cosas.