El Papa rinde homenaje a un cardenal que sobrevivió a la deportación en Siberia

El cardenal Kazimierz Swiatek recibe el premio «Testigo de la fe»

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CASTEL GANDOLFO, lunes, 27 septiembre 2004 (ZENIT.org).- Juan Pablo II entregó este lunes el premio «Testigo de la fe» («Fidei testis») conferido por el Instituto Pablo VI al cardenal Kazimierz Swiatek, de casi 90 años de edad, 10 de los cuales transcurridos en los campos de trabajos forzados de Stalin.



El pontífice consideró particularmente apropiado este título para este purpurado bielorruso, quien al recordar los años de la deportación en Siberia, suele decir que allí «sólo se podía resistir con la fe».

«"Testigo de la fe" ha sido el titulo más apropiado para un cristiano; y con mayor motivo lo es para un pastor revestido de la púrpura cardenalicia, que en los años difíciles de la persecución de la Iglesia en Europa del Este dio testimonio valiente de Cristo y su Evangelio», afirmó el Papa en la ceremonia de entrega del premio que tuvo lugar en la residencia pontificia de Castel Gandolfo.

«Dedico este alto reconocimiento a las abuelas de mi tierra que supieron conservar la fe en los años de la persecución transmitiéndola a sus nietos y biznietos, impidiendo que la Iglesia muriera», afirmó el cardenal al ser festejado este sábado en la ciudad italiana de Brescia, donde tiene sede el Instituto dedicado al Papa Pablo VI.

El padre Kazimierz Swiatek, nacido en 21 de octubre de 1914, fue ordenado sacerdote el 8 de abril de 1939, pocos meses antes de que el ejército ocupara la parte oriental de Polonia en la que se encontraba su parroquia.

Fue arrestado en la prisión de Brzesc y en dos meses interrogado 59 veces. El 21 de junio de 1941 fue liberado por la gente del lugar aprovechando el desorden provocado por la ofensiva alemana.

Regresó a pie a su parroquia, pero la encontró ocupada por la Gestapo, que le creó mil problemas en el ejercicio de su ministerio sacerdotal.

Cuando en 1944 se acercaba la ofensiva de la Armada Roja soviética, el padre Swiatek se negó a escapar para quedarse con sus parroquianos. Fue arrestado y encerrado en prisión de Minsk, donde pasó cinco meses.

«No me fusilaron porque, como dijeron, no querían derrochar una bala conmigo», reveló en una pasada entrevista concedida a Zenit.

Fue condenado a diez años de trabajos forzados. En septiembre de 1945 fue internado en el campo de trabajo de Marwinsk, en Siberia oriental, donde permaneció durante dos años.

Al ver que era capaz de aguantar el trabajo y el frío, le trasladaron al campo de Workuta, en el Ártico, donde hacía obras de construcción, con un frío terrible y con poquísima comida.

Tras la persecución comunista, como recordó el Papa en su discurso este lunes, «usted ha vuelto a la comunidad eclesial como testigo más creíble del Evangelio: "Fidei testis"».

Al caer el régimen soviético, Juan Pablo II nombró al padre Swiatek arzobispo de Minsk-Mohilev, encargándole el renacimiento de las comunidades católicas en Bielorrusia. En noviembre de 1994 le creó cardenal.

A pesar de sus 90 años, el cardenal mantiene su actividad pastoral al frente de la Iglesia en Minsk-Mohilev.

«Con la palabra y con el ejemplo, usted ha anunciado a todos, creyentes y no creyentes, la verdad de Cristo, luz que ilumina a todo hombre», reconoció el obispo de Roma al galardonar al cardenal.