El Papa se despide de la comunidad de Castel Gandolfo

Antes de su regreso al Vaticano

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CASTEL GANDOLFO, lunes 27 de septiembre de 2010 (ZENIT.org).- El Papa Benedicto XVI dirigió hoy un discurso de despedida a las autoridades civiles, religiosas y militares que le han acompañado durante su estancia en el Palacio Apostólico de Castel Gandolfo durante estos meses del verano.

El Pontífice recibió hoy por la mañana, en la Sala de los Suizos del Palacio, a una delegación del Ayuntamiento de Castel Gandolfo, encabezada por el alcalde, Maurizio Colacchi; también estuvieron presentes el obispo de Albano, monseñor Marcello Semeraro, y los representantes de la Aeronáutica militar italiana, encargados de los traslados del Papa a Roma.

Como es tradición, en la audiencia estuvieron también los responsables de los diversos servicios internos de la residencia papal (médicos, guardias suizos, etc), que acompañaron al Papa durante su residencia en esta pequeña ciudad del Lazio.

Benedicto XVI quiso agradecer especialmente a las autoridades civiles locales su colaboración en la acogida de peregrinos, así como “por la bien conocida cortesía y la atención solícita con la que me rodean y siguen mis actividades al servicio de la Iglesia universal”.

Quiso agradecer también el trabajo de las fuerzas del orden y de los aviadores que se encargan de sus traslados en helicóptero a Roma, así como de los servicios vaticanos.

“Al despedirme de vosotros, quiero confiar a vuestra consideración la figura de san Vicente de Paúl, cuya memoria hoy celebramos”, les dijo el Papa.

“Este apóstol de la caridad, tan querido al pueblo cristiano y conocido especialmente a través de las Hermanas fundadas por él, fue proclamado por el papa León XIII 'patrón universal de todas las obras de caridad diseminadas por el mundo'”.

El Papa les auguró que el ejemplo del santo “susciten en vuestras comunidades y en cada uno de vosotros un renovado compromiso de solidaridad, para que los esfuerzos de cada uno cooperen en la edificación del bien común”.

“Con su incesante acción apostólica, hizo de modo que el Evangelio se convirtiera cada vez más en faro luminoso de esperanza y de amor para el hombre de su tiempo, y en particular para los más pobres en el cuerpo y en el espíritu”.