El Papa se encuentra virtualmente con jóvenes de Moscú y otras 5 ciudades

Invita a los chicos y chicas europeos a participar en las JMJ de Toronto

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CIUDAD DEL VATICANO, 3 marzo 2002 (ZENIT.org).- La conexión por satélite permitió en la tarde de este sábado a Juan Pablo II encontrarse virtualmente con los jóvenes de Moscú, Valencia, Atenas, Estrasburgo, Budapest y Viena.



En el encuentro, el pontífice invitó a los chicos y chicas europeos a participar en las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ) de Toronto, que se celebrarán de 18 al 28 de julio y que concluirán con su presencia.

El Papa, presidió el acto desde la Sala de Audiencias del Vaticano, acompañado por ocho mil personas, en su mayoría universitarios, con quienes rezó la oración mariana del Rosario ante la imagen de la Virgen de Loreto, que será entregada a los jóvenes canadienses antes de las JMJ.

Casi cinco minutos de aplausos estallaron en la catedral católica de Moscú, en la que se encontraban más de mil jóvenes, cuando el pontífice les dirigió unas palabras que fueron transmitidas a través de tres pantallas gigantes.

El arzobispo Tadeusz Kondrusiewicz, gritó en pleno estruendo: «Santo Padre, ¡le esperamos en Moscú!».

Juan Pablo II, que contemplaba con emoción las escenas televisivas de cariño, respondió en ruso «da svidania».

El encuentro del Papa con los jóvenes de estas ciudades de Europa buscaba fomentar la construcción de la nueva Europa --la de Oriente y la de Occidente--, inspirándose en la extraordinaria herencia religiosa y cultural que ha dejado el cristianismo.

«Sólo hombres y mujeres nuevos pueden renovar la historia», dijo el Papa, considerando que la construcción de una nueva sociedad es el desafío que plantea el encuentro mundial de jóvenes de Toronto (Canadá).

El obispo de Roma pidió a los chicos y chicas que le escuchaban promover «en las Universidades el diálogo entre la fe y la cultura para que la levadura del Evangelio estimule y sostenga espiritual y moralmente a la investigación y al estudio universitarios».

Poco antes de que llegara el Papa, desde Moscú, un profesor universitario de cabellos blancos ofreció su testimonio a los jóvenes reunidos en la catedral de la Inmaculada Concepción, así como a los que le escuchaban desde Roma y desde las otras cinco ciudades conectadas por las nuevas tecnologías.

Anatoly Fiodorovic Jotov, profesor de Filosofía en la Universidad estatal de Moscú, recordó que en septiembre del año 2000 participó en Roma en la celebración del Jubileo de los docentes universitarios.

«Entonces comprendí hasta qué punto es peligroso el que la ciencia no tenga ética. El pensamiento científico, privado de sus fundamentos morales, produce monstruos más terrificantes todavía que el sueño de la razón», dijo.

«Precisamente por este motivo pedí a la Iglesia ser bautizado», reveló.

En la catedral rusa, el encuentro «virtual» con el Papa había sido precedido por una concelebración eucarística presidida por el arzobispo Kondrusiewicz y en la que participaron unos treinta sacerdotes.

El arzobispo ruso hizo un vibrante llamamiento a la unidad de los cristianos, explicando que si el euro demuestra que es posible una unidad en términos económicos y políticos, esta debería tener lugar ante todo en nombre de valores espirituales.