El Papa sienta las bases de la reflexión ecológica

El Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, analizado por monseñor Crepaldi

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TRIESTE, miércoles 13 de enero de 2010 (ZENIT.org).- Publicamos el análisis que ha compartido con ZENIT monseñor Giampaolo Crepaldi, arzobispo de Trieste, presidente del Observatorio Internacional Cardenal Van Thuân sobre la doctrina social de la Iglesia, y hasta hace poco secretario del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz, sobre el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2010 redactado por Benedicto XVI.

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La edición de 2010 del tradicional Mensaje del Papa para la Jornada mundial de la Paz, hecho público por el cardenal Martino, era fuertemente esperado.

En los países de Europa centro-septentrional, y especialmente en Alemania, su encíclica Caritas in veritate había sido objeto de severas críticas precisamente sobre la cuestión del medio ambiente, y en particular de los cambios climáticos.

Era por tanto lógico que se esperara este Mensaje para la Jornada mundial de la Paz de este año, dedicado precisamente al tema “Si quieres cultivar la paz, custodia la creación”.

Benedicto XVI no ha faltado a la cita, pero reafirmando su propia enseñanza y, por tanto, sin contentar probablemente una vez más a todos aquellos que tienden a cargar los temas ecológicos de excesivos forzamientos ideológicos.

El punto central del Mensaje es en mi opinión un pasaje del párrafo 13, donde el Papa dice que “una correcta concepción de la relación del hombre con el ambiente no lleva a absolutizar la naturaleza ni a considerarla más importante que la propia persona”.

La Iglesia – continúa – expresa perplejidad “ante una concepción del medio ambiente inspirada por el ecocentrismo y en el biocentrismo”, porque elimina la diferencia entre el hombre y los demás seres, “favoreciendo una visión igualitarista de la dignidad de todos los seres vivientes”.

“Se da lugar así a un nuevo panteísmo, con acentos neopaganos, que hacen derivar de la sola naturaleza, entendida en sentido puramente naturalista, la salvación para el hombre”.

Según la Iglesia el hombre detenta “el papel de custodio y administrador”, rol del que no debe abusar, pero del que tampoco debe abdicar: “De hecho, también la postura contraria de absolutización de la técnica y del poder humano, acaba por ser un grave atentado no sólo contra la naturaleza, sino también contra la propia dignidad humana”.

Benedicto XVI no niega que las cuestiones ambientales tengan un impacto sobre la pobreza, ni que requieran profundas revisiones del modelo de desarrollo, ni que comporten la toma de conciencia de una mayor sobriedad, pero vuelve a proponer la convicción de que si la humanidad no vuelve a reflexionar sobre sí misma y si no se vuelve a leer en la naturaleza un discurso sobre nosotros (la “creación”, y no sólo un montón de piedras) no se conseguirá adquirir una nueva responsabilidad moral ates aún que política.

Tanto quien desprecia la naturaleza material, como quien la respeta más que al hombre, como si fuese en sí misma algo divino, en el fondo no lee en ella el mensaje y no acumula sabiduría. Se trata, en el fondo, de posturas ambas sólo técnicas.