El Papa vuelve a condenar los abusos sexuales por parte de clérigos

“Preocupaos por las víctimas, compadeceos de vuestros sacerdotes

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LONDRES, sábado 18 de septiembre de 2010 (ZENIT.org).- El Papa Benedicto XVI afirmó que el abuso de menores, “especialmente por los ministros de la Iglesia”, ha causado un “inmenso sufrimiento” y “gran vergüenza” a la Iglesia.

Así lo afirmó durante la homilía que pronunció hoy en la misa votiva a la Preciosísima Sangre en la catedral católica de Westminster, en el tercer día de su viaje a Gran Bretaña, y después de un breve encuentro con el Primer Ministro, David Cameron, con el Vice-primer Ministro Nick Clegg, y con la representante de la oposición, Harriet Harman. .

El Papa, durante la homilía, quiso manifestar, “por encima de todo”, su “profundo pesar a las víctimas inocentes de estos crímenes atroces, junto con mi esperanza de que el poder de la gracia de Cristo, su sacrificio de reconciliación, traerá la curación profunda y la paz a sus vidas”.

“Asimismo, reconozco con vosotros la vergüenza y la humillación que todos hemos sufrido a causa de estos pecados”, añadió.

Sin embargo, si se presenta al Señor, “este castigo contribuirá a la sanación de las víctimas, a la purificación de la Iglesia y a la renovación de su inveterado compromiso con la educación y la atención de los jóvenes”.

También agradeció “los esfuerzos realizados para afrontar este problema de manera responsable, y os pido a todos que os preocupéis de las víctimas y os compadezcáis de vuestros sacerdotes”.

Preciosísima Sangre”

El Papa centró su reflexión en el enorme crucifijo que corona la nave central de la catedral, a cuya sombra, quiso profundizar en el misterio de la Preciosa Sangre.

“La efusión de la sangre de Cristo es la fuente de la vida de la Iglesia”, afirmó Benedicto XVI. “La Iglesia en todo tiempo y lugar celebra la Eucaristía hasta que el Señor vuelva en la gloria, alegrándose de su presencia sacramental y aprovechando el poder de su sacrificio salvador para la redención del mundo”.

La realidad del sacrificio eucarístico “ha estado siempre en el corazón de la fe católica; cuestionada en el siglo XVI, fue solemnemente reafirmada en el Concilio de Trento en el contexto de nuestra justificación en Cristo”.

“Aquí en Inglaterra, como sabemos, hubo muchos que defendieron incondicionalmente la Misa, a menudo a un precio costoso, incrementando la devoción a la Santísima Eucaristía, que ha sido un sello distintivo del catolicismo en estas tierras”, añadió el Papa.

Este misterio “también se refleja en nuestros hermanos y hermanas de todo el mundo que aun hoy sufren discriminación y persecución por su fe cristiana”, así como “en el sufrimiento de cada cristiano que diariamente une sus sacrificios a los del Señor para la santificación de la Iglesia y la redención del mundo”.

Presencia cristiana

Este misterio de la redención debe “llegar al mundo”, insistió el Papa. “El Concilio Vaticano II habló elocuentemente sobre el papel indispensable que los laicos deben desempeñar en la misión de la Iglesia”.

Esta exhortación conciliar bebe, afirmó el Papa, “de las intuiciones y enseñanzas de John Henry Newman”.

En este sentido, auguró que las ideas de Newman “sigan inspirando” a los cristianos, para que “trabajen decididamente en la defensa de las verdades morales inmutables que, asumidas, iluminadas y confirmadas por el Evangelio, fundamentan una sociedad verdaderamente humana, justa y libre”.

La sociedad contemporánea “necesita este testimonio”, afirmó, pues “uno de los mayores desafíos a los que nos enfrentamos hoy es cómo hablar de manera convincente de la sabiduría y del poder liberador de la Palabra de Dios a un mundo que, con demasiada frecuencia, considera el Evangelio como una constricción de la libertad humana, en lugar de la verdad que libera nuestra mente e ilumina nuestros esfuerzos para vivir correcta y sabiamente, como individuos y como miembros de la sociedad”.

El Papa concluyó augurando que los católicos ingleses de hoy “se unan a los creyentes que a lo largo de la historia del cristianismo en esta tierra han edificado una sociedad verdaderamente digna del hombre, digna de las más nobles tradiciones de vuestra nación”.