El Papa vuelve a «provocar» a los jóvenes con un mensaje contra corriente

Carta con motivo de las Jornadas de la Juventud del año 2001

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CIUDAD DEL VATICANO, 15 febrero 2001 (ZENIT.org).- Juan Pablo II ha vuelto a coger papel y pluma para enviar una carta a todos los chicos y chicas del mundo con motivo de las Jornadas Mundiales de la Juventud, que en el año 2001 se celebrarán a nivel diocesano el 8 de abril próximo, domingo de Ramos.



La carta está escrita tras 22 años de encuentros del Papa Wojtyla con jóvenes de todos los continentes. Y como siempre, cuando les dirige unas palabras, va a lo esencial del cristianismo: la figura de Jesús, «un Mesías que rompe todos los esquemas y que está más allá de todo clamor, que no se puede "comprender" con la lógica del éxito y del poder, utilizada con frecuencia por el mundo como criterio para verificar los propios proyectos y acciones», dice en su mensaje publicado hoy por la sala de prensa de la Santa Sede.

Un mensaje provocador
«Jesús no es el Mesías del triunfo y de la potencia --explica el Papa--. De hecho, no liberó a Israel del dominio romano y no le aseguró la gloria política. Como auténtico Siervo del Señor, realizó su Misión en la solidaridad, en el servicio, en la humillación de la muerte».

La propuesta del obispo de Roma va contra la corriente de los mensajes que los jóvenes escuchan hoy en los medios de comunicación. De hecho, el tema que ha escogido para la Jornada Mundial de la Juventud de este año, tomado del Evangelio de Lucas (9, 23), es toda una provocación: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame».

Y sin embargo, esta provocación es el único elemento capaz de explicar el hecho de que en el mes de agosto pasado, un anciano de ochenta años reuniera en medio de un calor insoportable y en condiciones necesariamente precarias a mas de dos millones de jóvenes de todo el mundo en Roma.

Por eso, pregunta: «¿Qué fue la XV Jornada Mundial de la Juventud si no un intenso momento de contemplación del misterio del Verbo hecho carne por nuestra salvación?»

Y añade: «los auténticos frutos del Jubileo de los Jóvenes no se pueden calcular con estadísticas, sino sólo con obras de amor y de justicia, en fidelidad cotidiana, preciosa a pesar de que muchas veces no se ve. A vosotros, queridos jóvenes, especialmente a los que tomaron parte directamente en aquel inolvidable encuentro, les he confiado la tarea de ofrecer al mundo este testimonio evangélico coherente».

Una relación especial
Las dos reuniones más grandes en la historia de la humanidad han sido convocadas por Juan Pablo II y en los dos casos se trataba de las Jornadas Mundiales de la Juventud. Un dato que revela la relación del obispo de Roma con la juventud. La primera fue en Manila (1995), con unos seis millones de personas, y la segunda en Roma, el verano pasado.

En la carta publicada hoy, el Santo Padre confiesa a los chicos y chicas: «quiero dar ahora, desde los más profundo del corazón, gracias a Dios por el don de la juventud que, a través de vosotros, permanece en la Iglesia y en el mundo»

«Asimismo --añade--, deseo darle las gracias con conmoción porque me ha permitido acompañar a los jóvenes del mundo durante las dos últimas décadas del siglo que acaba de concluir, indicándoles el camino que conduce a Cristo».

«Pero al mismo tiempo --concluye--, doy gracias a Dios porque los jóvenes han acompañado y casi apoyado al Papa durante su peregrinación apostólica a través de los países de la tierra».

Las Jornadas Mundiales de la Juventud se celebran en años alternos a nivel diocesano y a nivel mundial. Dado que en el 2000 se celebró el encuentro de los jóvenes del mundo con el Papa, en este año la cita tendrá un carácter local y será presidida por cada obispo en su diócesis. Luego, en julio del 2002, el obispo de Roma volverá reunir a chicos y chicas de todo el mundo en Toronto (Canadá).