El Papa y la curia participaron a la predicación de cuaresma

El sacerdote Cantalamessa indica el valor de las Escrituras para escuchar lo que le indican a cada uno personalmente

Ciudad del Vaticano, (Zenit.org) H. Sergio Mora | 882 hits

El predicador de la Casa Pontificia, el padre capuchino Raniero Cantalamessa, realizó este viernes la última predicación de cuaresma. Ha sido en la capilla Redemptoris Mater del Vaticano, con la presencia del Santo Padre, cardenales, obispos y miembros de la curia romana. El tema ha sido “En las espaldas de los gigantes – las grandes verdades de nuestra fe contemplada por los Padres de la Iglesia Latina".

El sacerdote indicó que ante el ataque a las Sagradas Escrituras, “la Iglesia opone su doctrina y su experiencia” y que en la Dei Verbum, “el Vaticano II reiteró la perenne validez de las Escrituras, como palabra de Dios a la humanidad”. Y sobre su validez consideró que “quizás la prueba más convincente es la de la experiencia”.

“La afirmación de la divinidad de Cristo en Nicea, en el año 325; y del Espíritu Santo en Constantinopla, en el año 381; se aplica plenamente también a la Escritura. En ella experimentamos la presencia del Espíritu Santo, Cristo nos habla todavía hoy, su efecto sobre nosotros es distinto al de cualquier otra palabra; por tanto no puede ser simple palabra humana”. dijo

“Como cuando en una habitación-recordó el sacerdote capuchino- iluminada por la tenue luz de una vela se enciende repentinamente una potente luz de neón. Cristo, que es «luz del mundo», es también luz de las Escrituras”.

Precisó entretanto que “la aportación más significativa de los Padres latinos, no es en el descubrimiento de significados nuevos y recónditos la palabra de Dios, sino en la sistematización del inmenso material exegético que se venía acumulando en la Iglesia, en el trazado de una especie de mapa para orientarse en su utilización”.

El predicador de la Casa Apostólica aseguró que “Gregorio Magno y los Padres en general acertaban en el punto fundamental: que hay que leer las Escrituras en referencia a Cristo y a la Iglesia. Lo hacían ya antes de ellos, como hemos visto, Jesús y los apóstoles”. Si bien reconoció que “la parte obsoleta de su exégesis está en haber creído que podían aplicar este criterio a cada palabra de la Biblia, de manera muy a menudo fantasiosa, empujando el simbolismo”.

La distinción que evidenció es “la distinción entre una lectura personal y una lectura impersonal de la palabra de Dios”, porque “los Padres se acercaban a la palabra de Dios con una pregunta constante: ¿qué dice, ahora y aquí, a la Iglesia y a mí personalmente?” visto que las Sagradas Escrituras “siempre tiene nuevas luces que irradiar y nuevas tareas que mostrar personalmente a cada uno”. Es, en definitiva, la doctrina clásica de la inspiración divina de la Escritura, la que proclamamos como artículo de fe en el Credo, cuando decimos que el Espíritu Santo es quien «ha hablado por medio de los profetas».

Y recuerda que muchos Padres comparan la Escritura con un espejo y no hay que pasar todo el tiempo examinando la forma y el material del que está hecho, como los problemas críticos que plantea la Escritura, las fuentes, los géneros literarios, etc., “sino poner en práctica los claros" porque como dice Gregorio 'se entiende haciéndola'.

Hay dos maneras de preparar una predicación, precisó el sacerdote, una es “sentarme a la mesa y elegir yo mismo la palabra para anunciar y el tema” y luego”ponerme de rodillas para pedir apresuradamente a Dios que bendiga lo que he escrito” pero no es la vía profética. “Hay que seguir el orden inverso: primero de rodillas, y luego a la mesa”.

“Todos nosotros --añadió el padre Cantalamessa-- hemos experimentado lo que puede hacer una sola palabra de Dios profundamente creída y vivida primero por quien la pronuncia, y a veces incluso sin saberlo; a menudo se debe constatar que, entre muchas otras palabras, fue la que tocó el corazón y condujo a más de un oyente al confesionario”.

“Quiero terminar esta meditación -concluyó el predicador- con un pensamiento de gratitud a los hermanos judíos, también como augurio para la próxima visita del Santo Padre a Israel. Si nos separa de ellos la interpretación que damos de las Escrituras, nos une el común amor hacia ellas”.