El Papa y los nuevos desafíos de Universidad en tiempos de globalización

Encuentro del Papa con estudiantes y profesores de la Universidad Jagellónic

| 383 hits

CIUDAD DEL VATICANO, 11 sep (ZENIT.org).- El saber, la cultura, tienen la tarea de formar la mente y el corazón para servir a la verdad, de manera que toda generación puede alcanzar los conocimientos que forman parte del patrimonio más grande de una nación. Este fue el compromiso que planteó Juan Pablo II esta mañana a unos quinientos profesores y estudiantes universitarios de la Universidad polaca Jagellónica de Cracovia, a quienes recibió esta mañana respirando todavía el ambiente del Jubileo de la universidad que se concluyó ayer en Roma.



El encuentro se convirtió para el Papa Wojtyla en un momento de emocionantes recuerdos, pues el pontífice estudió en esa universidad en los años precedentes a la segunda guerra mundial.

La Universidad Jagellónica, que todavía está celebrando el 600 aniversario de su fundación, constituye la memoria histórica de la cultura del país. Por ella han pasado hombres del nivel de Copérnico. Por este motivo, el Papa afirmó: «la tarea de una institución académica es de alguna manera la de engendrar almas para la sabiduría y el conocimiento, para la formación de las mentes y los corazones». Y agregó que los principios de servir a la verdad y crear conciencias críticas y sensibilidades morales son hoy patrimonio de la universidad, como lo fueron en el pasado.

«Tomando en consideración el futuro de Europa y de Polonia --observó-- quiero indicar una tarea muy concreta que se presenta ante las instituciones académicas en Polonia, y de manera particular a la Universidad Jagellónica. Se trata de formar en la nación un sano espíritu de patriotismo».

«Aquí ha sido siempre viva la conciencia de que la Patria es un patrimonio que no abarca solamente una determinada reserva de bienes materiales en un territorio dado, sino sobre todo un tesoro, el único en su género, de valores y contenidos espirituales, es decir de todo cuanto forma la cultura de una nación».

Juan Pablo II terminó su discurso subrayando que «Polonia necesita patriotas iluminados, capaces de sacrificarse por amor de la Patria y al mismo tiempo preparados para un intercambio creativo de bienes espirituales con las naciones de una Europa en proceso de unificación».