El papel de las comunidades agrícolas en la lucha contra el hambre

Mensaje de Benedicto XVI al director de la FAO en el Día Mundial de la Alimentación

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ROMA, martes 16 octubre 2012 (ZENIT.org).- Hoy en todo el mundo se celebra el Día Mundial de la Alimentación, un derecho humano fundamental que no les es reconocido a unos 850 millones de personas. Este derecho presupone que todos --hombres, mujeres, niños, personas solas o comunidades enteras- en todo momento, tengan acceso físico y económico a una alimentación adecuada o a medios para su compra. Con este motivo, Benedicto XVI ha enviado un mensaje al director del Fondo de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) José Graziano da Silva en el que subraya el importante papel que desempeñan las cooperativas agrícolas en la lucha contra la desnutrición.

En el último informe publicadopor la FAO, “El Estado de la Inseguridad Alimentaria en el Mundo 2012”, resulta una importante disminución de más de 130 millones de personas que sufren de desnutrición en el mundo. Sin embargo, los que todavía sufren de hambre son alrededor de 850 millones, muy lejos de los Objetivos del Milenio.

Benedicto XVI envió un mensaje al director general de la FAO José Graziano da Silva, con motivo de esta Jornada que, como escribe el papa, se celebra este año mientras los efectos de la crisis económica afectan cada vez más a las necesidades primarias, incluyendo el derecho fundamental de toda persona a una nutrición suficiente y sana, agravando especialmente la situación de cuantos viven en condiciones de pobreza y subdesarrollo.

“Se trata –observa el Papa-, de un contexto similar al que inspiró la creación de la FAO, y que llama a las instituciones nacionales e internacionales al compromiso de liberar a la humanidad del hambre mediante el desarrollo agrícola y el crecimiento de las comunidades rurales”.

De ahí la satisfacción que expresa el pontífice por la decisión de dedicar este día a reflexionar sobre el tema, aludiendo a las cooperativas agrícolas.

“No se trata --escribe- sólo de dar apoyo a las cooperativas como expresión de una forma diferente de organización económica y social, sino de considerarlas un verdadero instrumento de acción internacional. La experiencia adquirida en muchos países, muestra, de hecho, que las cooperativas, además de impulsar el trabajo agrícola, son una forma que permite a los agricultores y a la población rural intervenir en las decisiones y un instrumento eficaz para lograr el desarrollo integral del cual la persona es fundamento y fin”.

“La Iglesia Católica --añade el santo padre--, como es sabido, también considera el trabajo y la empresa cooperativa como una forma de vivir una experiencia de unidad y de solidaridad que puede hacer superar las diferencias, e incluso los conflictos sociales, entre las personas y entre los diferentes grupos. Por eso, con su enseñanza y con su acción, apoyó siempre el modelo de las cooperativas, ya que está convencida de que su actividad no se limita puramente a la dimensión económica, sino que contribuye al crecimiento humano, social, cultural y moral de cuantos forman parte de ellas y de la comunidad a la que pertenecen”.

Benedicto XVI recuerda que hay que tener siempre en consideración especial, “el papel insustituible de la mujer llamada, a menudo, a dirigir las actividades de las cooperativas, a mantener los lazos familiares y a preservar aquellos inapreciables conocimientos y habilidades propias del mundo rural”.

“Es indispensable --concluye- que los poderes públicos que operan a nivel nacional e internacional pongan a punto los instrumentos legislativos y financieros necesarios para que en las zonas rurales las cooperativas sean herramientas eficaces para la producción agrícola, la seguridad alimentaria, el cambio social y una amplia mejora de las condiciones de vida. En este nuevo contexto, es deseable que las nuevas generaciones puedan mirar con renovada confianza a su futuro, manteniendo los lazos con el trabajo del campo, el mundo rural y sus valores tradicionales”.