El paradigma de la «ética global» busca suplantar la ética cristiana

Análisis del presidente del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud

| 806 hits

CIUDAD DEL VATICANO, 11 febrero 2003 (ZENIT.org).- En el nuevo contexto de la globalización, existe un proyecto de «ética universal» que quiere suplantar los valores cristianos, constata un representante de la Santa Sede.



El arzobispo Javier Lozano Barragán, presidente del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud, ha analizado y criticado las características fundamentales del «Nuevo Paradigma», en un artículo escrito en la edición italiana de «L'Osservatore Romano» (11 de enero de 2003).

El artículo presentaba algunos de los temas fundamentales de la Jornada Mundial del Enfermo (http://www.worlddayofthesick.org), celebrada en Washington este 11 de febrero, memoria litúrgica de la Virgen de Lourdes, cuyas celebraciones ha presidido el mismo monseñor Barragán, en calidad de enviado especial de Juan Pablo II.

Ideología
Este «Nuevo Paradigma», según el arzobispo mexicano, está influenciado por estas corrientes ideológicas:

--Eclecticismo: «acepta cualquier afirmación sobre la conducta independientemente de su sistema, contexto y juicio;
--Historicismo: «según el cual la verdad cambia según su adecuación a una época determinada de la historia».
--Cientificismo: «para quien la única verdad aceptable es la experimentable científicamente»;
--Pragmatismo: «considera las decisiones éticas teniendo como único criterio la utilidad»;
--Nihilismo: «renuncia a la capacidad de alcanzar verdades objetivas»;

Características
Al describir el Nuevo Paradigma, monseñor Lozano Barragán ofrece estos rasgos característicos:

--«El bienestar global dentro del desarrollo sostenible es la finalidad de la nueva ética global».

--«Este bienestar global constituye la meta llamada "calidad de la vida"», que quiere decir, «la percepción del individuo de su posición en la vida, en el contexto de la cultura, y del sistema de valores en que se encuentra».

--La calidad de la vida cubre seis campos: «salud física, salud psicológica, nivel de dependencia, relaciones sociales, entorno (economía, libertad, seguridad, información, participación, ambiente, tráfico, clima, transporte...), espiritualidad (religión, creencias personales)».

--«Lo básico es la autodeterminación individual. Se prescinde de las obligaciones sociales».

Religión y espiritualidad
--«Las diferentes religiones existentes en el mundo no han sido capaces de generar esta ética global; por tanto deben sustituirse con una nueva espiritualidad, que tenga como finalidad el bienestar global, dentro del desarrollo sostenible».

--«La naturaleza, la tierra, llamada "GAIA", es divina e inviolable. El ser humano es un elemento suyo más, que sólo se entiende en armonía con la tierra».

--«Esta nueva ética se fundamenta en cinco pilares: derechos humanos y responsabilidad, democracia y elementos de la sociedad civil, protección de las minorías, compromiso por la solución pacífica de los conflictos y negociaciones transparentes, equidad intergeneracional».

--«Los problemas que hay que solucionar son cuatro: el primer afecta al equilibrio hombre-naturaleza; el segundo el significado de la felicidad, de la vida y de la plenitud; el tercer examina las relaciones entre el individuo y la comunidad; y el cuarto contempla el equilibrio entre equidad y libertad».

Bioética
Esta teoría, según el prelado, impone tres principios a la bioética:

--El principio de autonomía: «una acción es buena si respeta la libertad del agente moral y de los demás».
--El principio de beneficencia: «hay que hacer siempre el bien y evitar el mal».
--El principio de justicia: «dar a cada uno lo que le es debido».

Estos tres principios, según explica el arzobispo, acaban hundiéndose el relativismo, pues, por ejemplo, según el principio de autonomía «quienes no tienen libertad no son considerados para esta acción moral, por ejemplo, los discapacitados, los niños, los fetos, los embriones».

El principio de beneficencia dice que hay que hacer el bien, pero no explica qué es el bien para los demás. Si no se sabe qué es el bien no se puede hacer coherentemente el bien. Y lo mismo sucede con las justicia, añade el prelado.

Nuevo Paradigma vs. cristianismo
El arzobispo explica que algunos de los valores que presenta el «Nuevo Paradigma» son compartibles: preocupación por el ambiente, derechos humanos, respeto de las minorías, de la democracia, la justicia social, la salud y la educación para todos.

Ahora bien, el «Nuevo Paradigma» se presenta «como una nueva espiritualidad que suplanta a todas las religiones, pues éstas no han sido capaces de preservar el ecosistema». En definitiva, «se trata de una nueva religión secular, una religión sin Dios, o si se quiere, un nuevo Dios que sería la misma tierra con el nombre de GAIA», insistió.

«La serie de valores que sostienen el "Nuevo Paradigma" son valores subordinados a esta divinidad que se traduce en el supremo valor ecológico, que llaman desarrollo sostenible. Dentro de este desarrollo sostenible la finalidad ética suprema sería el bienestar».

«Está claro que nos encontramos ante la negación total del cristianismo y del hecho fundamental del cristianismo, la Encarnación del Verbo, la muerte redentora de Cristo y su resurrección gloriosa. Si se acepta este hecho histórico, el presupuesto del "Nuevo Paradigma" fracasa totalmente».

«Esto no quiere decir que también los auténticos valores enunciados por el Nuevo Paradigma fracasan, que se trata de valores que no son ajenos al pensamiento cristiano, pero que encuentran su razón de ser en éste último».

El «Nuevo Paradigma», según constata el presidente del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud, «experimenta uno de sus grandes problemas cuando percibe que todo se debe fundamentar en el consenso, un consenso que no procede de verdades objetivas, sino de opiniones subjetivas».

«Una auténtica Ética universal, que verdaderamente pretenda ser global, debe ser una Ética fundada sobre la objetividad del mismo hombre», que «tiene por finalidad al mismo Dios y, en última instancia, el hecho histórico de la Encarnación de Dios», concluye.

El prelado explica que el análisis del «Nuevo Paradigma» lo ha tomado de Kim Yersu, «A Common Framework for Ethics of the Tewnty first Century», publicado por la Division of Philosophy and Ethics de la Unesco el 15 de noviembre de 1999 (http://www.unesco.org/opi2/philosophyandethics/index.htm).