El Patriarca a Israel: «Destruid nuestras iglesias y no las casas»

Mensaje de Cuaresma de Su Beatitud Michel Sabbah

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JERUSALÉN, 27 feb 2001 (ZENIT.org-FIDES).- El patriarca latino de Jerusalén ha lanzado un grito sorprendente dirigido al ejército de Israel: «¡Destruid nuestras iglesias, pero salvad las casas de nuestros fieles!».



El llamamiento podría parecer absurdo si no se lee, después, una aclaración: «Si queréis a como dé lugar un castigo colectivo o un rescate para devolver la tranquilidad a los niños inocentes y a las familias os ofrecemos nuestras iglesias: ¡destruidlas!».

Se trata de uno de los pasajes más impactantes que Su Beatitud Michel Sabbah ha escrito en su Mensaje de Cuaresma del año 2001.

La Carta de Cuaresma de monseñor Sabbah es una petición dolorosa, escrita a corazón abierto, para pedir paz en Tierra Santa, en un momento de gran tensión. Antes de escribirla, el patriarca latino, de 67 años, había visitado parroquias, comunidades y autoridades civiles de Palestina. Aun siendo un documento para la Cuaresma cristiana, en muchos puntos se dirige directamente también a los musulmanes y a los judíos.

Las palabras de Su Beatitud se refieren a los enfrentamientos que tienen lugar en Gilo y Beit Jala, dos puestos, uno israelí y el otro palestino respectivamente, de mayoría cristiana, utilizados por los soldados israelíes y militantes palestinos como escudo para lanzar sus ataques.

Sabbah se dirige a los israelíes para implorar una petición: «Tratad de comprender que el palestino, cristiano o musulmán, no es un terrorista ni un hombre que quiere odiar y matar… Recordad que también vosotros (en el pasado) habéis reclamado vuestra libertad y lanzado el mismo grito oprimido… Lo que vosotros llamáis medidas de seguridad no son más que una invitación a una violencia mayor. Devolved la tierra a sus propietarios, devolvedles su libertad…».

Ahora bien, las reivindicaciones del patriarca también se dirigen a los militantes palestinos para exigirles que también salven «las casas de los inocentes» y no transformen «casas tranquilas en una línea de fuego».

El patriarca recuerda a los palestinos «un mandamiento difícil»: «el amor al enemigo… El amor no es una debilidad ni una fuga, sino la visión del rostro de Dios en cada hombre, palestino o judío».

La carta del patriarca está escrita al constatar la condición en que vive su gente: «carreteras cortadas, asedio impuesto a aldeas y ciudades, falta de trabajo, bombardeos continuos…». Una situación que impulsa a muchos cristianos a abandonar el país.

Dice el Patriarca: «Hermanos y hermanas: no abandonéis vuestra tierra. Tened paciencia. Dios quiere que los creyentes en Él y los testigos de Jesucristo permanezcan en su tierra. Permaneced firmes en los Lugares Santos… ¿Por qué permitís que otros construyan vuestro futuro?».

Al referirse a una «guerra que se nos ha impuesto», pide a todos los cristianos gestos de amor y caridad de cara a la miseria que se expande por los territorios ocupados: «Invitamos a todos a compartir el pan con quien tiene necesidad, invitadles a vuestras mesas o entregad a Cáritas o a otras organizaciones semejantes la suma equivalente a vuestros gastos por el alimento de un día».

Su Beatitud Sabbah concluye la carta con una invitación a la oración y el ayuno cuaresmales, que deben convertirse en una súplica continua a Dios para que dispense el don de la fuerza y el espíritu de amor, justicia y paz en Tierra Santa.