El periodismo según Wojtyla

"Pocas profesiones tienen una incidencia igual en el destino de la humanidad"

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ROMA, viernes 29 de abril de 2011 (ZENIT.org).- “Siguió de cerca la complejidad de la comunicación, el surgimiento de las nuevas tecnologías y, antes que ningún otro, supo subrayar en ella las grandes coordenadas humanas, es decir, ese dirigirse el hombre al corazón de otro hombre”.

Monseñor Claudio Maria Celli, presidente del Consejo Pontificio de las Comunicaciones Sociales, explica así la atención que Juan Pablo II supo dar al mundo de la información. Y lo hizo durante la presentación, el 27 de abril, del volumen Giornalisti abbiate coraggio [Periodistas, tener valor, n.d.t.], que recoge los 27 mensajes escritos por Wojtyla para las Jornadas mundiales de las comunicaciones sociales.

Se trata de un texto dedicado a los periodistas, los editores y a todos los agentes de la comunicación, con un llamamiento colectivo a la ética, a la responsabilidad, a la verdad, a la gestión de un bien que es esencial a la vida democrática y civil de cada una de las personas y del país en que viven.

“Saber dialogar con esta cultura digital – continua el prelado – representa uno de los retos más grandes que debemos afrontar”. Y el “diálogo cultural” del que habla Juan Pablo II está “en línea profundísima” con el innovado por Benedicto XVI, cuyo Magisterio se apoya en la “capacidad de dialogar con las verdades de los demás”.

“En un cierto sentido – explica el secretario de la Federación nacional de la prensa italiana, Franco Siddi – el libro podría ser definido la decimoquinta Encíclica de Wojtyla, porque presenta orgánicamente el pensamiento del papa sobre los temas de la comunicación social, desarrollando cada año un perfil específico y en particular el de la dignidad, libertad y eticidad de la profesión periodística”.

Por otra parte, como dijo en 1980 el papa polaco, “pocas profesiones requieren tanta energía, dedicación, integridad y responsabilidad” como la periodística, “pero, al mismo tiempo, son pocas las profesiones que tengan una incidencia similar sobre los destinos de la humanidad”.

Y a propósito de las Jornadas de las Comunicaciones Sociales, monseñor Celli recuerda que “fueron los padres conciliares, con la aprobación del Decreto Inter Mirifica – punto de cambio en la moderna comunicación de la Iglesia – quien quiso que a los temas y (entonces), al desarrollo de los medios de comunicación de masas se reservase una jornada particular de reflexión y profundización por parte de toda la comunidad cristiana”.

Del último cuarto del siglo pasado a los primeros años del tercer milenio, el pontificado – explicó el prelado – tuvo un largo y amplio arco de tiempo, que acabó por entrecruzarse con el desarrollo, en algunos momentos impetuoso, de la revolución de las nuevas tecnologías de la comunicación”.

El mundo de los medios cambiada de forma imparable. Cambiaban, ciertamente, los instrumentos, pero sobre todo los criterios, las modalidades y la misma cultura de la comunicación. El pontificado de Juan Pablo II hizo vivir no sólo “en directo” esta fase, sino de alguna forma, llegó a determinarla hasta “hacer de ella un instrumento casi indispensable en una predicación que mostraba la necesidad de ensanchar las fronteras y de ir en busca, en todas partes del mundo, de los lugares aún inexplorados para el anuncio y la comunicación del Evangelio”.

Wojtyla innovó, en otras palabras, el “mandamiento” paulino de predicar el evangelio desde las azoteas. Después de la televisión, llegó la informática para cambiar el paisaje, no sólo urbano. “Alguien – precisó monseñor Celli – empieza incluso a hablar de un cambio del paisaje del alma debido precisamente a la influencia e incluso a la invasión de los nuevos medios de comunicación”. El desafío está allí: “¿Sabremos afrontar todo esto?”.

Juan Pablo II proporcionó un amplio elenco de argumentos para buscar la respuesta, precisamente a través de estos 27 mensajes recogidos en este volumen. “Sólo con repasar los títulos es fácil encontrarse a una serie de huellas que atestiguan una tras otra la rapidez además de la fecundidad de esta evolución. De cultura informática, por ejemplo, se hablaba ya en el Mensaje de hace 21 años”, y estos eran también los tiempos en los que se publicaban dos documentos importantes sobre la relación entre Iglesia e internet.

La importancia de la palabra, subrayada por el presidente de la provincia de Roma, Nicola Zingaretti, hace de contrapeso a la importancia – llena de simbología – de lo “no dicho”, a que aludió monseñor Celli, explicando cómo de Wojtyla era “aún más fuertemente expresivo el dramático silencio con el que se despidió desde la ventana en su último saludo en la Plaza de San Pedro”.

Al gran comunicador le faltaba la palabra. El sufrimiento de su rostro habló por él. Y nunca como entonces todos comprendieron. “Que el mundo de los medios de comunicación no olvide esa gran lección”, auguró el prelado. Que “también el silencio puede llegar a ser una gran forma de comunicación”, concluyó.

Por Mariaelena Finessi, traducción del italiano por Inma Álvarez