El político según Juan Pablo II

40 mil personas en la eucaristía de los parlamentarios y gobernantes

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CIUDAD DEL VATICANO, 5 nov (ZENIT.org).- Juan Pablo II celebró esta mañana la misa culminante del Jubileo de los políticos en una plaza de San Pedro que estaba inundada por más de cuarenta mil personas, en su mayoría parlamentarios y gobernantes, acompañados por sus familias.



Ha sido el segundo encuentro, en menos de veinticuatro horas, entre Juan Pablo II y las delegaciones de diputados, senadores provenientes de 94 países, entre las que se encontraban algunas de naciones no cristianas como Irán, Israel o Túnez.

En la tarde de ayer, Juan Pablo II se había encontrado en la sala de audiencias generales con los cinco mil parlamentarios que hicieron del Vaticano, durante un día, una especie de Parlamento mundial. En la misa conclusiva de hoy se sumaron, además, unos doce mil gobernantes ya sea de nivel local ya sea de nivel nacional de diferentes países.

La columnata de Bernini abrazaba hoy a más corbatas que de costumbre. Eran peregrinos políticos que, como tantos otros han hecho en este año santo, atravesaron ayer la puerta santa de la Basílica de San Pedro en signo de conversión. Algunos de ellos, exponentes de la política de los cinco continentes, fueron los encargados de llevar las ofrendas al altar.

Juan Pablo II dedicó su homilía a trazar los rasgos del hombre político digno del encargo recibido. Y lo hizo planteando un apremiante interrogante a las mujeres y hombres parlamentarios y gobernantes que le escuchaban: ¿Cómo es posible vivir como políticos el mandamiento fundamental de amar a Dios y a los hermanos?

Política como servicio
La respuesta que ofreció fue clara: «viviendo el compromiso político como un servicio». Un servicio que «pasa a través de un diligente y cotidiano compromiso, que exige una gran competencia en el desarrollo del propio deber y una moralidad a toda prueba en la gestión desinteresada y transparente del poder».

El católico político
El católico, además de servirse como guía de estos principios, que valen para todo político, cuenta, además, con las orientaciones de la doctrina social de la Iglesia, que, como explicó el Santo Padre «no constituyen una "ideología" y menos un "programa político", sino que ofrecen las líneas fundamentales para una comprensión del hombre y de la sociedad a la luz de la ley ética universal presente en el corazón de todo hombre e iluminada por la revelación evangélica».

La política no es cálculo electoral
De este modo, Juan Pablo II abogó por un perfil político de alto vuelo y se opuso a una visión de la política reducida «a pura mediación de intereses o, lo que es aún peor, a una cuestión de demagogia o de cálculos electorales».

Según el Papa, «esto adquiere particular relieve en esta fase de transformaciones intensas, que ve surgir una nueva dimensión de la política. El declive de las ideologías se acompaña de una crisis de formaciones partidistas, que constituye un desafío a comprender de modo nuevo la representación política y el papel de las instituciones».

Pistas para una nueva política
En este sentido, ofreció dos pistas claves. Ante todo consideró que «es necesario redescubrir el sentido de la participación, implicando en mayor medida a los ciudadanos en la búsqueda de vías oportunas para avanzar hacia una realización siempre más satisfactoria del bien común».

En segundo lugar, rechazó el recurso a la violencia como método de reivindicación política y presentó el diálogo «como instrumento insustituible de toda confrontación constructiva, sea en las relaciones internas de los Estados como en las internacionales».

Estos rasgos del político y de su acción, según constató al concluir la homilía el Papa, se encuentran reflejados en la persona de santo Tomás Moro, el canciller inglés que fue decapitado por Enrique VIII, a quien acaba de nombrar patrono de los políticos.

«¡Invocadlo, seguidlo, imitadlo! --les recomendó a los parlamentarios y gobernantes presentes--. Su intercesión no os faltará para obtener, también en las situaciones más arduas, fortaleza, buen humor, paciencia y perseverancia».

La misa de los políticos y de los parlamentarios tuvo una intención de oración muy particular. La presentó, al inicio de la eucaristía, el cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado de la Santa Sede. Dirigiéndose al Papa, anunció: «todos los presentes pretenden rezar por la paz en el mundo, especialmente en la tierra donde Jesús nació hace dos mil años y que hoy está experimentando tantos sufrimientos».