El portavoz vaticano ilustra el compromiso de la Iglesia contra las armas

"La batalla contra las armas es una batalla de paz", afirma

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CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 7 diciembre 2008 (ZENIT.org).- La batalla de la Santa Sede entre la comunidad internacional contra las armas, en particular contra las bombas de racimo, es una batalla de paz, asegura el portavoz vaticano.

El padre Federico Lombardi S.I., director de la Oficina de Información del Vaticano, ha dedicado a la adhesión ofrecida el 3 de diciembre por la Santa Sede en Oslo a la Convención internacional que prohíbe estas armas letales, que provocan muertes indiscriminadas, en el editorial de la última edición de "Octava Dies", semanal del Centro Televisivo Vaticano.

Un centenar de países han ratificado el tratado que pretende acabar con el uso, fabricación, distribución y almacenamiento de las bombas de racimo también llamadas "de fragmentación". 



 

Estas bombas, comienza diciendo el sacerdote, son "tristemente famosas no sólo por las víctimas que causan incluso entre las poblaciones civiles, sino también por las inmensas cantidades de minas que quedan sin estallar sobre el terreno y que, a lo largo de los años, siguen causando más víctimas inocentes".

"La Santa Sede ha trabajado activamente, desde el primer momento, en esta 'batalla de paz', habiendo formado parte del grupo de los primeros seis países que la promovieron en ámbito internacional. Es un signo de un compromiso concreto en lo que concierne al desarme".

En su discurso, con motivo de la firma, el secretario para las Relaciones con los Estados, el arzobispo Dominique Mamberti, señaló que --también en la actual coyuntura de crisis económica y financiera-- "los balances y gastos militares siguen, lamentablemente, aumentando de forma alarmante".

En este contexto, asegura el padre Lombardi, "la Santa Sede sigue brindando su constante contribución para el fortalecimiento y la ampliación del derecho humanitario internacional, coherentemente con el gran mensaje presentado por Benedicto XVI a las Naciones Unidas, en ocasión de su viaje a Nueva York", en abril pasado.

"Un largo camino, siempre al servicio de la vida y de la dignidad humana de la persona", concluye el portavoz vaticano.