El predicador del Papa y la fe en tiempos de globalización

Habla el cardenal George, director de los Ejercicios Espirituales a la Curia

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CIUDAD DEL VATICANO, 4 mar 2001 (ZENIT.org-AVVENIRE).- En esta semana que comienza Juan Pablo II dejará a un lado su agenda de encuentros con jefes de Estado, obispos y peregrinos... para consagrarse a la oración.



Al igual que todos los años, el pontífice y sus colaboradores de la Curia romana serán guiados en la contemplación por cuatro meditaciones diarias de un predicador, que en este año es el cardenal Eugene George, arzobispo de Chicago.

El tema de fondo será «Una fe para todos los pueblos», un argumento de candente actualidad en un mundo que se caracteriza por la globalización y las sociedades multétnicas.

El cardenal George (Chicago, 1937) sabe bien cuál es su auditorio: no sólo conoce desde hace muchos años a Juan Pablo II sino también a la Curia, pues vivió en Roma de 1974 a 1986, cuando era vicario general de la congregación de la que es religioso, los Oblatos de María Inmaculada. Ordenado obispo en 1990, fue promovido después a la sede metropolitana de Portland en 1996 y, un año más tarde, fue transferido a la importante arquidiócesis de Chicago. Fue creado cardenal en 1998.

En esta entrevista, el purpurado habla a corazón abierto: «Me encanta estar en Roma», confiesa, «pero en esta ocasión siento algo de aprensión. Trataré de hacerlo lo mejor posible, confiando en el Espíritu Santo. Pero no hace falta decir que la tarea es muy comprometedora».

Los ejercicios espirituales del año pasado fueron predicados por el arzobispo vietnamita recién creado cardenal, François-Xavier Nguyen Van Thuan, quien sorprendió no sólo a su auditorio sino a todos los que pudieron leer algunos de los pasajes de sus meditaciones con su testimonio de vida madurado en trece años de cárcel y aislamiento impuestos por el régimen comunista.

--El haber sido llamado por Juan Pablo II para predicar los ejercicios espirituales es síntoma de una gran estima personal, pero también de un reconocimiento para su arquidiócesis en Estados Unidos. ¿Por qué cree usted que el Papa se ha dirigido a América precisamente en estos momentos?

--Cardenal George: En el pasado, el Santo Padre ha explicado a veces los motivos de su decisión al final de los ejercicios espirituales. Pero por el momento no sé por qué me ha elegido y creo que lo único importante es hacer lo que se me pide lo mejor posible.

--Sin embargo, parece que hay una relación entre el tema de los ejercicios y su diócesis, una de las más grandes en el país más cosmopolita del mundo.

--Cardenal George: Yo trato de concentrarme en la fe para todos los pueblos, basándome en particular en el Evangelio de Lucas --en el que la llamada universal es más fuerte--, la liturgia y los documentos del Sínodo de América. Se trata de comprender cómo es posible afrontar esta misión de la Iglesia, incluso a nivel de conversión personal, teniendo en cuenta las reflexiones que han tenido lugar durante el Jubileo.

--¿Qué impresión le ha ocasionado este acontecimiento que en algunos aspectos ha impresionado al mundo laico?

--Cardenal George: El Jubileo en Roma ha sido una ocasión de fervor extraordinaria. En el resto del mundo ha tenido efectos diferentes, que han dependido en parte del nivel de preparación de cada una de las comunidades. En general, nos ha dado la oportunidad de reforzar el lazo íntimo que une a la Iglesia con Cristo. Ahora, sin embargo, se planta otro tema: ¿qué es lo que tenemos que hacer para transformar el empuje del Jubileo en un elemento constante?

--Y usted, ¿qué opina?

--Cardenal George: Como ya sabe, el Papa ha convocado un consistorio especial dedicado precisamente a este tema, de modo que todos estamos reflexionando en ello. El factor central, sin embargo, me parece que es la invitación a la nueva evangelización. En este punto, es necesario trabajar a nivel local, en todas las diócesis, pues las respuestas tienen que venir de la vida diaria, del terreno.

--¿Cuál es la contribución que usted pretende aportar al consistorio?

--Cardenal George: Estoy todavía trabajando en los argumentos de esta cita. La reflexión general será sobre el nuevo milenio, de modo que será muy amplia. Por suerte, llegarán muchas respuestas tan diferentes como los cardenales provenientes de todos los continentes. Pero creo que tendremos que concentrarnos en las formas de la nueva evangelización.

--Esto nos trae de nuevo, en cierto sentido, al tema de los ejercicios espirituales. Cuando usted habla de una fe para todos los pueblos, ¿se refiere también al aspecto geográfico?

--Cardenal George: Claro, sin lugar a dudas: me refiero a una fe para todo el mundo. La pregunta con la que comienzo es ésta: si estamos de acuerdo con el hecho de que el objetivo de la fe es universal, ¿qué es lo que tiene que tenemos que hacer para responder a esta llamada? Hay que tener en cuenta que se trata de un retiro espiritual, de modo que hay que subrayar la conversión personal.

--Y, ¿cuál es la respuesta a esta pregunta?

--Cardenal George: Espero lograr articular la respuesta durante los ejercicios espirituales. De todos modos tenemos que convertirnos a Cristo y, por tanto, en la libertad, superar todos los límites y fronteras, dirigiéndonos con la misma intensidad a todos los pueblos.

--Juan Pablo II ha hecho de esta misión uno de los pilares de su pontificado. ¿Cree que los católicos en general están dispuestos a seguirle?

--Cardenal George: Depende de los lugares y situaciones. En algunas regiones, como en África, el problema principal sigue siendo la supervivencia. Cuando no sabes de dónde vendrá la comida cotidiana es difícil tener tiempo para lo demás. En las regiones más estables, por el contrario, me parece que se da mucha atención a este problema, pues nos lo pide el Evangelio y el desarrollo de la sociedad moderna. En cierto sentido, la globalización nos está remontando a los orígenes de la Iglesia, cuando el mundo conocido estaba reunido bajo el Imperio Romano. La sociedad global está repitiendo de otro modo esa estrecha relación entre los pueblos, y nosotros los católicos tendremos que saber responder, pues ya hemos vivido en estas condiciones.

--¿Así que la nueva evangelización debería tomar ejemplo de la de los orígenes?

--Cardenal George: Hay semejanzas. Entonces éramos minoría, pero hablábamos como si fuéramos mayoría, precisamente porque teníamos una conciencia de la misión universal de la Iglesia. También hoy somos minoría con respecto a la población mundial en su totalidad. Pero seguimos hablando como mayoría, pues forma parte de nuestra identidad, aunque eso a alguno no le gusta.

--¿Será posible mantener esta identidad en la fe que, según usted, debe abrirse a todos los pueblos?

--Cardenal George: Cristo nos pide que lleguemos a los demás. De modo que nosotros, los cristianos, tenemos que ser particularmente capaces para abrirnos a todos los pueblos, sin enfrentarnos con ellos, pero sin perder por ello nuestra identidad.

--Usted se ha preocupado durante mucho tiempo de estos temas y ha sugerido incluso la necesidad de entablar un diálogo con el Islam, en un mundo caracterizado por la globalización y las migraciones. ¿Se trata de una respuesta al choque de civilizaciones anunciado por Samuel Huntington como inevitable?

--Cardenal George: Yo hago esta propuesta porque creo precisamente que se puede evitar, y el mismo Huntington no prevé necesariamente el enfrentamiento violento. Pero pensar que el problema no existe sería un error. Es necesario considerar el riesgo de la incomprensión en la sociedad global y trabajar para prevenirlo, precisamente en virtud de la visión del mundo que tenemos que tener los católicos.

--Algunos observadores han interpretado los nombramientos de los nuevos cardenales realizados por Juan Pablo II como un intento de abrir aún más la Iglesia a todo el mundo. ¿Está de acuerdo?

--Cardenal George: Ciertamente el Papa no me ha pedido mi opinión a la hora de hacer estos nombramientos, de modo que no sé cuáles son sus intenciones. Pero es una hipótesis posible. Si uno de sus objetivos era hacer el colegio de los cardenales más representativo de la universalidad de la Iglesia, me parece que lo ha logrado.