El Presidente de “Cor Unum” en Japón representando al Papa

Dos meses después del terremoto, el cardenal Sarah visitará las zonas afectadas

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CIUDAD DEL VATICANO, jueves 12 de mayo de 2011 (ZENIT.org).- Dos meses después del terremoto, que el 11 de marzo golpeó Japón, provocando el devastador tsunami, que junto al terremoto provocó miles de muertos, el cardenal Robert Sarah visitará, en representación del Papa, las zonas afectadas.

El purpurado, presidente del Consejo Pontificio “Cor Unum”, estará en el país asiático desde el 13 al 16 de mayo, como ha declarado un comunicado publicado por la Sala Stampa de la Santa Sede, este jueves.

El Papa “quiere, de este modo, hacer sentir su cercanía, su oración y su ayuda”, explica la nota, subrayando que el presidente de “Cor Unum”, “llevará el abrazo de Benedicto XVI a todos los familiares de las víctimas, a los desplazados y a todos los voluntarios que sin descanso están trabajando en la reconstrucción”.

La Cáritas de Japón, “que desde el principio se movilizó, es todavía el punto de referencia para todas las ayudas que la Iglesia Católica continúa dando, tras la fase de emergencia, para la reconstrucción de la vida de la comunidad japonesa”, añade el texto.

El cardenal Sarah estará en el 14 de mayo en Saitama “para visitar los centros de acogida de la Iglesia católica para los sin techo”. Llegará después a Tokyo, “donde junto a los obispos japoneses celebrará una misa de agradecimiento por la Beatificación de Juan Pablo II”.

“El 15 estará en Sendai, epicentro del cataclismo, donde presidirá la misa en la catedral. El 16 visitará otros dos centros de acogida para los desplazados y se reunirá con los responsables de las organizaciones caritativas presentes más importantes”.

El cardenal Sarah estará acompañado por el subsecretario de “Cor Unum”, monseñor Segundo Tejado.

El Consejo Pontificio “Cor Unum”, como indica la Constitución Apostólica “Pastor Bonus”, “expresa la solicitud de la Iglesia Católica hacia los necesitados, para que se favorezca la fraternidad humana y se manifieste la caridad de Cristo”.

Su deber es el de “estimular a los fieles a dar testimonio de caridad evangélica, en cuanto a que participan de la misma misión de la Iglesia y de sostenerles en este compromiso”, de “favorecer y coordinar las iniciativas de las instituciones católicas que pretenden ayudar a los pueblos que están en la indigencia, especialmente a los que prestan socorro a las necesidades y desastres más urgentes y facilitando las relaciones entre estas instituciones católicas con los organismo públicos internacionales, que trabajan en el mismo campo de la asistencia y del progreso”, y de “seguir atentamente y promover los proyectos y las obras de atención solidaria y de ayuda fraterna destinados al progreso humano”.