El presidente de la Conferencia Episcopal Española en Aparecida

Entrevista a monseñor Ricardo Blázquez Pérez, obispo de Bilbao

| 1997 hits

APARECIDA, miércoles, 30 mayo 2007 (ZENIT.org).- En reconocimiento de la obra evangelizadora de España en América, por primera vez han participado en un Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe obispos de España.



Entre los presentes en el santuario de Nuestra Señora Aparecida se encuentra monseñor Ricardo Blázquez Pérez, obispo de Bilbao, presidente de la Conferencia Episcopal Española, quien en esta entrevista concedida a Zenit ilustra retos comunes que comparten América Latina y España.

--¿Destacaría entre estos retos comunes la secularización?

--Monseñor Ricardo Blázquez Pérez: Así como en Europa tenemos ya experiencia de esa secularización vivida, diariamente padecida, aquí me da la impresión, por lo que yo he podido ver, de que en estos países es más bien una amenaza. No se trata todavía de una vivencia, aunque pueda darse en medios de comunicación algunos signos.

Por la misma reflexión que se está haciendo en la Conferencia, creo que hay cuestiones que se tienen en cuenta más bien como posibles amenazas de carácter moral: el aborto, los peligros para el matrimonio como unión de un varón y una mujer por amor y por vida para la procreación y la educación de los hijos… Estos problemas, digamos morales, que experimentamos desde hace algún tiempo en Europa, aquí son más bien una amenaza.

--¿Qué ha tratado de transmitir a los obispos de Aparecida sobre la realidad de su país o de su experiencia pastoral?

--Monseñor Ricardo Blázquez Pérez: Intervenimos cada uno de los que habíamos sido invitados de otras conferencias episcopales. Creía que debía informar sobre la situación de la Iglesia en España. Y la Iglesia en España tiene un capítulo evidentemente de relaciones con el gobierno, pero hay otros capítulos también. Por ejemplo, hablamos de lo que venimos haciendo para la transmisión de la fe, un desafío importante también aquí.

Por otra parte, España se ha convertido en un país receptor de inmigración muy grande. ¿Qué podemos hacer en este campo entre los países de los que fundamentalmente proceden los inmigrantes hacia España y España misma? Ese es otro capítulo importante sobre el cual hemos tenido alguna reunión aquí. Con los que queden responsabilizados del sector de migraciones, en el mes de julio estableceremos una comunicación para ver cómo podemos, entre todos, el país emisor y el país receptor, facilitar la inserción de los inmigrantes.

En particular, veremos cómo podemos ofrecer hospitalidad en nuestras parroquias, en los grupos cristianos, para que la preocupación enorme que significa tener que cambiar de un país a otro afecte lo menos posible en el campo de la fe dentro de la Iglesia católica.

--¿Qué es lo que más le ha llamado la atención del «Documento» que publicará la Conferencia de Aparecida?

--Monseñor Ricardo Blázquez Pérez: A mi me ha llamado la atención el arranque mismo del documento: se comienza dando gracias a Dios por los bienes que hemos recibido de nuestro Señor Jesucristo y que han sido cultivados, convirtiéndose en tradición aquí, en América Latina y en el Caribe. Expresa la alegría de ser discípulos y misioneros de Jesús. El ser cristiano es una gracia inmensa. Es una esperanza que nos abre esa puerta al futuro para ir caminando diariamente con la luz del Señor y transmitiendo lo que significa la gracia del Evangelio.

Se dice en nuestro «Documento» que lo mejor que nos ha podido ocurrir es habernos encontrado con Jesucristo. Y esta dicha la deseamos a todos. La Iglesia, todos nosotros, consideramos como un gozo grande el que el Señor nos haya confiado la transmisión del Evangelio. Entonces este arranque me parece que es muy importante. No se trata simplemente de analizar la realidad con los ojos de pastores, sino también de vernos nosotros ante el Señor con la gracia y con la responsabilidad que nos ha confiado.

En otro orden de cosas yo tengo la impresión de que se ha producido ya un cambio de óptica. La misión cristiana no mira tanto a la transformación de las estructuras cuanto al encuentro con Jesucristo a través de la fe, del amor, de la esperanza, en la comunión eclesial, unidos en la Iglesia, para que el mundo tenga en nuestro Señor Jesucristo vida.

Y, en este contexto, aparecen diversos ámbitos y aspectos de la misión de la Iglesia. Siempre se subraya que la Iglesia no puede abandonar a los pobres. Cuando la Iglesia, en su misión, se encuentra con los pobres, tiene que acercarse a ellos. No puede ni debe abandonarlos. Entonces aparece esa opción preferencial por los pobres que aquí en América Latina nació y que se hace sentir tanto.

El primero que ha hecho la opción preferencial por los pobres, o si se quiere, por ser pobre, ha sido Jesús, que, siendo rico, se hizo pobre por nosotros. Y a los discípulos nos ha enseñado la sublime lección de seguirlo como pobres. A Él, que es el pobre por excelencia, nosotros tenemos que seguirle como pobres.

Tenemos que evangelizar también dentro de la pobreza y de la limitación de medios, sin confiar en el poder del dinero, en el poder del mundo, sino sencillamente en la gracia del Señor. Los destinatarios preferenciales en este marco son también los pobres, los necesitados, los últimos, los excluidos.

--La Conferencia de Aparecida, ¿aporta novedades?

--Monseñor Ricardo Blázquez Pérez: Ser discípulo de Jesús tiene un recorrido. Comienza en un encuentro con nuestro Señor. El encuentro con Jesús es el comienzo del discípulo que se pone en camino. Es un camino de formación. Estar con Jesús, ser formados por Él. Ser enviados a predicar.

Juan Pablo II comenzó a hablar de la iniciación cristiana cuando se estaba preparando el quinto centenario del comienzo de la evangelización de América. Y puso en relación la nueva evangelización con aquella primera evangelización fundante de estos pueblos, que ha creado una forma inculturada de la fe cristiana realmente admirable: tiene en su centro neurálgico en Jesucristo crucificado y en la Eucaristía, en la Virgen Santísima, y en la obediencia al Papa.

Además, el Papa hablaba de una nueva evangelización. El Concilio Vaticano II puso el bautismo como base de la fraternidad cristiana. A partir de ahí se desarrolla la iniciación cristiana. Es una aportación importante de este «Documento» de Aparecida: hay que desarrollar esa iniciación cristiana a partir de ese fundamento compartido por todos, el bautismo, y de ahí van surgiendo las diversas vocaciones dentro de la Iglesia, carismas, ministerios…

--¿Puede ofrecer una contribución la Quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano a la Iglesia en Europa?

--Monseñor Ricardo Blázquez Pérez: Aquí experimentamos una frescura y un impulso apostólico, una especie de empeño existencial por transmitir el Evangelio muy vigoroso, muy fuerte. Es un continente, como a veces se dice, de esperanza, de vida. Que debe de ser también, como decía el Papa, un continente de amor, quizá también un continente de paz. Entonces, América Latina y el Caribe, en donde aproximadamente viven la mitad de los católicos del mundo, constituye para nosotros, europeos, una llamada, una especie de viento fresco de renovación para curar los envejecimientos.

--¿Cuál es la alegría que usted se lleva de Aparecida?

--Monseñor Ricardo Blázquez Pérez: Me llevo entre otras formas de alegría la satisfacción de haber convivido con muchos obispos, con otras personas, en un clima de cordialidad, de acogida excelente, no sólo al principio, sino durante toda la Conferencia. Todos, unidos, hemos buscado los caminos del Evangelio de la Iglesia en nuestro tiempo, aquí, en concreto, para estos pueblos. Esto mi me ha edificado. De modo que es una experiencia que seguramente no puedo olvidar.