El presidente de México impulsará la obra social de las Iglesias

Recibió ayer las cartas credenciales del nuevo «embajador» del Papa

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CIUDAD DE MÉXICO, 21 mar 2001 (ZENIT.org).- El gobierno mexicano buscará mantener una relación de colaboración con la Iglesia católica, pues «hacen falta muchos valores en la sociedad», afirmó ayer el presidente de México al recibir ayer al nuevo «embajador» el Papa en ese país.



El encuentro tuvo lugar ayer, en la residencia presidencial de Los Pinos, con motivo de la presentación de las cartas credenciales del nuncio apostólico, el arzobispo italiano Giuseppe Bertello, al nuevo presidente de México, Vicente Fox, que por primera vez desde hace más de 70 años no procede de las filas del Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Esa formación política había puesto al margen de la ley la vida y actividades de las confesiones religiosas en el país, y particularmente las de la Iglesia católica.

«Estamos empujando hacia una nueva cultura en materia religiosa y de relación con las Iglesias», dijo ayer Fox al nuevo nuncio en Ciudad de México. «Hemos caído en extremos en el pasado, queremos que [nuestra relación] sea mucho mas natural y abierta, libre y sin tapujos».

México, el segundo país del mundo en número de católicos (casi 90 millones, según datos del «Anuario Estadístico de la Iglesia»), privó a la Iglesia de todo reconocimiento jurídico durante casi todo el siglo que acaba de terminar. En 1992 la Santa Sede y el gobierno volvieron a entablar las relaciones diplomáticas que habían roto 125 años antes.

Estos acuerdos trajeron el reconocimiento a nivel jurídico de la libertad religiosa para todas las religiones presentes en el país. La Iglesia, sin embargo, hoy día todavía experimenta ciertas restricciones a su libertad, como es la posibilidad de contar con medios de comunicación (radio y televisión) o de enseñar religión en las escuelas públicas.

Fox, en su encuentro con el nuncio, aseguró que su presidencia promoverá la labor de las Iglesias en el país para impulsar en particular su labor social. En concreto, el presidente, consideró que la Iglesia podría asumir «muchas tareas que en el Estado no hacemos bien». En particular se refirió a la «educación», al «desarrollo humano y económico».

Además, el presidente reconoció que la Iglesia católica ha sido un elemento decisivo de estabilidad para el país y «un factor de equilibrio para el ejercicio del poder, que a veces ha sido excesivo en México».