El primer Cónclave de un cardenal (III y final)

O la 'Universi Dominici Gregis' al dedillo

Roma, (Zenit.org) José Antonio Varela Vidal | 1225 hits

Finalmente, querido cardenal, no te eligieron como papa. Pero qué bien la pasamos, ¿no? Estoy seguro que votaste por el nuevo Francisco que necesitaba la Iglesia. ¡Lo veo como otro Juan XXIII!

Por suerte que no tuvieron que llegar a esa nueva figura introducida a la norma por el papa emérito Benedicto XVI, ante el caso de que pasadas tres “reflexiones” no se alcanzara al papa esperado. Como el Cónclave no podría extenderse ad infinitum, se modificó el numeral 75 de la Universi Dominici Gregis

Esta consistía en una nueva votación, en la que se abstenían de votar los dos cardenales que obtuvieran la más alta votación en el último escrutinio. Esto con el fin de suprimir aquellos votos a su favor, y también se pudiera equilibrar los dos tercios requeridos.

Pero no..., escogieron rápido a su Francisco, traído casi "desde el fin del mundo", como bien dijo el nuevo papa.

Elegido para servir

No sabemos si Francisco papa dudase, o acaso llorase en la “Sala del Llanto”, donde tuvo que revestirte de blanco con una de las tres sotanas que esperaban al elegido. Es verdad que no es a su medida, pero ya con calma se la entallará el sastre pontificio. Algo también se hará con los zapatos rojos que quizás le ajustan los dedos. Paciencia, será la primera molestia, pero no la última...

Parece que preferirá utilizar su antigua cruz pectoral plateada que llevaba como arzobispo de Buenos Aires, ¿no? Ojalá, y que los demás se vayan quitando a pocos el oro de cuello y manos, que dice ya muy poco... o se desdice en ciertos casos y realidades.

Aunque es secreto lo que vivieron, cuyos resultados al detalle se guardarán en un archivo sellado que solo él podrá desvelar, contemos a los lectores cómo se cumplió la votación, siempre al pie de la norma.

Si uno ha sido elegido, en este caso el cardenal Bergoglio, es porque alcanzó finalmente los dos tercios. Menos mal, porque ya los medios de comunicación estaban influyendo en la opinión pública, en el sentido de que no había unidad entre ustedes...

Para declarar la elección del romano pontífice como “canónicamente válida”, se procedió a la revisión de todos los votos cantados con el nombre del ganador, así como de las hojas de control por parte de los “revisores”. De este modo, la norma quiere asegurar que los “escrutadores” hayan cumplido con precisión y fidelidad su encargo.

Antes que todos abandonen la Capilla Sixtina o quieran saludar al elegido, hay varios procedimientos previos de los que nadie pudo escapar, ni menos usted. Uno de ellos fue la quema de todos los votos y demás papeles oficiales, a fin de que el humo blanco más esperado del momento saliera por la chimenea, mientras sonaban las campanas a rabiar, y la multitud gritaba de júbilo porque volvían a tener pastor...

Otro secreto –como dijimos--, serán los resultados obtenidos en cada votación, porque la norma indica que el cardenal camarlengo, con la ayuda de los cardenales asistentes, escribe todo al detalle. Pero terminado el Cónclave, estos documentos serán entregados al nuevo papa, quien ordenará que se archiven en un sobre sellado, que nadie podrá abrir sin su permiso.

Siervo entre los siervos

Después que aceptó el cargo y el Maestro de las Ceremonias Pontificias –llamado para tal fin--, levantó un acta con el nombre elegido, la norma indica que se convierte ipso facto en el “Obispo de la Iglesia Romana, verdadero Papa y Jefe del Colegio Episcopal”.

Esto le permite adquirir “la plena y suprema potestad sobre la Iglesia universal y puede ejercitarla”. Hay un caso excepcional --no sucedió ahora--, que si el papa no fuera obispo, debe ser consagrado como tal según el rito vigente y lo debería hacer el Decano del Colegio de cardenales u otro en su ausencia.

Cuando todo estuvo expedito, los cardenales electores por precedencia --dice la norma--, “prestarán acto de obediencia al nuevo Sumo Pontífice electo”. Luego todos juntos, con quien será ahora la cabeza visible de la Iglesia, así como sus principales colaboradores, “darán gracias a Dios”.

Luego, el mundo entero ha visto al primero de los cardenales en el orden de los Diáconos, salir al balcón y anunciar en un correctísimo latín, aquel esperado “Habemus papam”. Seguido de esto, dijo quién es y el nombre que ha adoptado.

Entre tanto, el papa ha rezado a solas en la Capella Paolina, en un acto que ha sido incorporado por primera vez en este Cónclave. Un buen inicio, ¿verdad?

Terminado este coloquio único, salió al balcón o Loggia de la Basílica de San Pedro para ser visto, aplaudido, fotografiado como a ninguno, lo que se concluyó con la bendición apostólica urbi et orbi. 

La norma no dice que debía hablar a la multitud que lo esperaba con ansias e ilusión, pero los dos últimos papas sí han querido hacerlo, ganándose desde el inicio la atención mundial y el corazón de los fieles. ¡Y también Francisco papa ha estado bárbaro!, como dicen los argentinos.

¿Parece que al nuevo santo padre podremos llamarlo sobre todo “Siervo entre los siervos de Dios”? Ojalá que así sea, porque es el título que mejor lo define y que los tiempos reclaman.

Hasta aquí con usted, querido cardenal. Gracias por su voto consciente, y por seguir leyendo ZENIT... ¡Hasta el próximo Cónclave!, ¿o no?