El primer rey cristiano de Hungría une a católicos y ortodoxos

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CIUDAD DEL VATICANO, 10 agosto (ZENIT.org).- Un rey «justo, pacífico y fervoroso» que promovió la vida de la Iglesia, respetando las leyes de Dios y buscando el bien de los súbditos: así ha define Juan Pablo II a san Esteban de Hungría, en una carta escrita en latín dirigida al cardenal secretario de Estado vaticano, Angelo Sodano, legado pontificio a las celebraciones que tendrán lugar en Budapest el próximo 20 de agosto, con motivo del milenio del primer rey magiar.



En la carta, publicada hoy por la Sala de Prensa de la Santa Sede, Juan Pablo II pide al cardenal Sodano que exhorte en su nombre a los fieles húngaros a la «renovación de la vida espiritual y al testimonio de la fe».

Por último, el obispo de Roma dirige un saludo al cardenal László Paskai, arzobispo de Esztergom-Budapest, a los demás obispos, al clero y a todo el pueblo húngaro, esperando que «con espíritu renovado dediquen todas sus energías a la obra de la nueva evangelización».

En días pasados, el patriarca ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I, y el Santo Sínodo del mismo patriarcado, decidieron adoptar a san Esteban de Hungría como santo de la Iglesia ortodoxa. La decisión es válida automáticamente para todas las comunidades ortodoxas que no son autocéfalas, como por ejemplo, los ortodoxos de Europa occidental o de América. Por otra parte, la decisión es normativa para todas las Iglesias ortodoxas en las que, sin embargo, la adopción de la fiesta del nuevo santo en la propia liturgia local depende del patriarca de cada una de las Iglesias autocéfalas. De este modo, el santo adoptado por el patriarca ecuménico se convierte automáticamente en «santo ortodoxo».