El protagonismo del dinero

Quien manda hoy es el dinero. ¿Qué sucede, entonces? ¿Cómo comportarse? Una reflexión del obispo de San Cristobal de las Casas

San Cristóbal de las Casas, (Zenit.org) Felipe Arizmendi Esquivel | 1111 hits

 SITUACIONES

El dicho de “tanto vales cuanto tienes” refleja la forma de pensar y de actuar de mucha gente, y se transmite de unos a otros. Los padres que no quieren que sus hijos sufran las carencias que ellos sufrieron, les dan dinero y cosas para que de nada carezcan y no se sientan menos que otros, aunque no les den lo más importante: cariño, tiempo, atención personal, unidad familiar. Hay personas cuya máxima ilusión es llegar a tener un vehículo mejor que el del vecino, del pariente o del compañero de trabajo. O ir de vacaciones a lugares de los que puedan presumir ante los demás. O tener la mejor ropa, la mejor casa, el mejor teléfono móvil, la tableta más moderna.

Los países económicamente poderosos se sienten dueños del mundo, con la posibilidad de hacer una guerra a otros países, con el plausible pretexto de defender la democracia, pero muchas veces en el fondo lo que les mueve son sus propios intereses económicos: deben gastar su armamento almacenado, pues de lo contrario sus fábricas productoras se paran y se afectaría la economía nacional. Empresas trasnacionales, con tal de ganar más dinero, destruyen el medio ambiente y en particular contaminan las aguas, con cierta connivencia de autoridades locales; lo que les importa es generar ganancias, a cualquier costo. Los dedicados al gran negocio del narcotráfico corrompen con dinero a medio mundo, y sólo así pueden operar con cierta libertad; compran a jóvenes y adolescentes, quienes se sienten atraídos por el dinero fácil y rápido, y se encadenan a estas redes, siendo casi imposible salirse de ellas, con peligro para sus vidas.

ILUMINACION

El Papa Francisco, en una entrevista que concedió a una emisora brasileña, durante su estancia allá por la jornada mundial de la juventud, dijo: “Este mundo actual que estamos viviendo en la feroz idolatría del dinero, se da en una política mundial, mundial, muy impregnada del protagonismo del dinero. Quien manda hoy es el dinero. Esto significa una política mundial de tipo economicista sin ética que la controle; un economicismo autosuficiente y que va organizando las pertenencias sociales de acuerdo a estas conveniencias. ¿Qué sucede, entonces? Cuando reina este mundo de la feroz idolatría del dinero, se concentra mucho en el centro; las puntas de la sociedad, los extremos (ancianos y jóvenes), son mal atendidos, son descuidados y son descartados… Hoy día urge la ‘projimidad’ la salida de sí mismo para solucionar los tremendos problemas mundiales que hay. Creo que las religiones, las diversas confesiones, no pueden irse a dormir tranquilas mientras haya un solo chico que muera de hambre, un solo chico sin educación, un solo joven o anciano sin servicio de salud… No nos va a servir nada hablar de nuestras teologías, si no tenemos la ‘projimidad’: salir a ayudar”.

COMPROMISOS

¿Cómo educarnos para ser libres ante el dinero? No es fácil, pues el medio ambiente nos jala mucho a consumir, a gastar sin necesidad, a comprar sólo para sentirnos que valemos, a no quedarnos atrás de los otros. Liberarnos de esta esclavitud es aprender a vivir en una cierta austeridad, a prescindir de cosas que no son tan necesarias, a administrar lo que tenemos para no exponernos a la bancarrota. Recuerda que vales por tus convicciones, por tu responsabilidad en tus deberes, por tu honestidad a toda prueba, por tu solidaridad constante con los menos favorecidos, por tu fe en Dios. No te creas valer más por lo que compras, por la ropa que te pones, por las joyas que luces, por los viajes que haces, por tus perfumes o tu nuevo peinado…

Padres de familia y educadores: enseñen a los niños, con sus palabras y sobre todo con su propio comportamiento, que lo definitivo en la vida y lo que nos hace plenamente felices, como dijo Jesús, no depende de la abundancia de bienes que alguien posea, sino de su capacidad de amar, de trabajar, de servir, de superarse, de liberarse de su mal carácter y de otras cadenas, como el alcohol, las drogas, la pereza, el resentimiento, la indolencia, la mediocridad. La fe cristiana nos ilumina para dar el verdadero valor a las cosas, sobre todo al dinero.