El regalo más original del Papa en la Navidad del Jubileo: un seminario

Un centro para las diócesis dirigido en Roma por los Legionarios de Cristo

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ROMA, 24 dic 2000 (ZENIT.org).-Entre los muchos regalos que ha recibido Juan Pablo II en esta Navidad, el más original ha sido quizá, el de un seminario en Roma para aspirantes al sacerdocio de todos los continentes.



En efecto, la congregación de los Legionarios de Cristo, fundada por el padre Marcial Maciel hace exactamente 60 años (se cumple el aniversario el próximo 3 de enero), ha puesto a disposición de todos los obispos del mundo, por petición del mismo Santo Padre, un seminario que ha estrenado en este inicio de curso académico sus instalaciones definitivas.

El seminario «Mater Ecclesiae» de Roma cuenta con 230 seminaristas entre 20 y 25 años de edad provenientes de 77 diócesis de 22 naciones. Comenzó su andadura hace nueve años, en un centro provisional en las afueras de Roma.

En vísperas de la Navidad del Jubileo el deseo del obispo de Roma se ha hecho realidad en un moderno edificio construido en la Vía Aurelia Antigua.

Un buen regalo de Navidad para el Papa y para los obispos. El padre Juan Manuel Dueñas, rector del seminario, confirma a Zenit que este centro de formación «ha nacido por petición explícita del Santo Padre, quien durante su visita a México en mayo de 1990, y en respuesta a la petición de muchos obispos, pidió que "esta gracia de Dios en la formación sacerdotal debía ser donada también a los hermanos diocesanos"».

En estos momentos, los seminaristas provienen principalmente de los países de Europa del Este, de América Latina, y de África.

La aportación de este centro de formación consiste en preparar a futuros formadores de seminarios según el espíritu del Concilio Vaticano II. En el centro, estos muchachos que han acogido el don de la vocación sacerdotal, reciben una «formación espiritual basada en una vida de oración sólida y esencial», explica el padre Dueñas.

Su jornada, que comienza muy temprano, a las 5:30 de la mañana, está salpicada de momentos de oración, de estudio --buena parte de ellos asisten al Ateneo Pontificio Universitario «Regina Apostolorum», otros van a las Universidades Pontificias de la Ciudad Eterna--, de descanso y convivencia con sus compañeros de todos los rincones del planeta.

«Es muy bello ver las mesas de los seminaristas de diferentes comunidades y de diferentes países conversar y discutir juntos --confiesa el rector--. Es un reflejo en pequeño de la universalidad de la Iglesia».

De hecho, éste es uno de los elementos que caracteriza a este seminario, añade: «el ofrecer la posibilidad a los futuros sacerdotes de prepararse en el corazón de la Iglesia, junto al Papa, atisbando así los horizontes de la misión sacerdotal que les espera en este inicio de milenio».