El relativismo moral podría provocar una «catástrofe antropológica», advierte el cardenal Tomko

Al inaugurar el año académico de la Universidad Católica de Murcia

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MURCIA, 8 de noviembre de 2005 (ZENIT.org).- El cardenal Jozef Tomko, presidente del Comité Pontificio para los Congresos Eucarísticos Internacionales, alertó este martes ante los peligros del relativismo ético que podría provocar una «catástrofe antropológica».



En su discurso de inauguración del año académico de la Universidad Católica San Antonio de Murcia, que del 9 al 13 de noviembre organizará el primer Congreso Eucarístico Universitario Internacional, el purpurado eslovaco presentó un análisis de la crisis de las sociedades occidentales.

En su intervención, de la que ha publicado amplios extractos la agencia Veritas, afrontó la situación cultural de España, país en el que se ha introducido el reconocimiento jurídico del «matrimonio» homosexual, incluida la adopción de menores.

Este «país tradicionalmente católico», afirmó el prefecto emérito de la Congregación vaticana para la Evangelización de los Pueblos, «hoy ve cómo en su vida pública se pone en crisis toda una serie de valores morales, sociales, familiares, religiosos, que tocan profundamente el concepto mismo de la persona y de sus relaciones, su conciencia, su ética personal y social».

Esta crisis, afirma el cardenal, enviado especial de Benedicto XVI al Congreso universitario de Murcia, parte «incluso desde las mismas instituciones públicas de la nación, con el peligro de inducir en la convivencia un relativismo moral y un permisivismo ético, capaz de minar los mismos cimientos de los valores fundamentales de la vida personal y de la convivencia cívica».

«Cuando están en juego los valores humanos de la libertad, de la convivencia, del respeto de los derechos inalienables, los valores de la familia, de la recta educación, si no hay un testimonio iluminado y valiente que se trasmite de manera adecuada incluso a través de los medios de comunicación social, se corre el riesgo de provocar una catástrofe antropológica, como ya ha sucedido en otros lugares y en otros sistemas políticos del siglo XX», añadió.

Para el cardenal Tomko, uno de los puntos cruciales del debate de los tiempos actuales es «la renuncia explícita» a reconocer las raíces cristianas de Europa en la Constitución: «se implica en ello una tesis súbdola, que por una parte es crítica larvada a la religión, y al cristianismo en particular; y por otra, es pretensión de edificar una ética personal y social sin un fundamento trascendente».

El purpurado recordó al respecto las palabras de Benedicto XVI antes de su elección como Papa, según las cuales, esta negativa repercutiría en tres campos: los derechos humanos, la legislación familiar y la libertad religiosa.

Por lo que se refiere a ésta última, destacó la «incongruencia que supone el desprecio a lo cristiano en una sociedad tan marcada por el Evangelio».

«En la sociedad actual, gracias a Dios, se multa a quien deshonra la fe de Israel, su imagen de Dios, sus grandes figuras. Se multa también a quien vilipendia el Corán y las convicciones de fondo del Islam. Sin embargo, cuando se trata de Cristo y de lo que es sagrado para los cristianos, la libertad de opinión aparece como el bien supremo, cuya limitación resulta una amenaza o incluso una destrucción de la tolerancia y la libertad en general».

Para el cardenal, «cuando se pierde el sentido religioso se pierde el sentido de lo humano, y cuando se atenta contra el sentido de Dios está ya en peligro el sentido genuino del hombre».

Por tanto, añadió, «es necesario favorecer un clima sereno de amistad y de convivencia», un clima «de respeto por las creencias y de promoción de los caminos de la madurez cristiana en la fe y en el compromiso».