El retorno de Superman

Entrevista a Giuseppe Zito, autor de un artículo sobre Superman y salvación

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NÁPOLES , viernes, 6 octubre 2006 (ZENIT.org).- La salvación de Superman y la de Cristo son dos cosas muy diversas, aunque las dos figuras presenten algunas analogías.



Lo explicó a Zenit Giuseppe Zito, SJ, nacido en Roma en 1976, que colabora en la revista editada por los jesuitas «La Civilità Cattolica», comentando la película «Superman regresa».

Zito, que obtuvo un Master en Dirección Cinematográfica en la Universidad Loyola Marymount de Los Angeles y está ahora completando sus estudios teológicos en Nápoles, en la Facultad Pontificia Teológica de Italia del Sur, ha escrito un artículo titulado «El retorno de Superman. ¿Qué salvador necesita el mundo?», publicado en el número de esa revista (cuaderno 3750, 16 septiembre 2006), cuyos borradores son revisados por la Santa Sede.

El sacerdote está convencido de que «un espectador con buen sentido religioso y que reflexiona sobre lo que ve en el cine, ciertamente notará muchos puntos en común entre Cristo y Superman».

«El problema --indica el sacerdote- es que para acoger verdaderamente la salvación ofrecida por Cristo hay que renunciar a una salvación como la de Superman».

--Hay un «boom» de héroes en el cine estadounidense que copian el arquetipo del mesías judeocristiano. ¿A qué se debe?

--Padre Zito: Evidentemente, el héroe-mesías responde a una necesidad muy profunda del gran público: sentimos la necesidad de ser salvados, nos gusta pensar que pueda existir alguien capaz de salvar a nuestro mundo del mal, de la violencia, de la injusticia. No es casualidad que todos los grandes filmes épicos que muestran la arquetípica batalla entre bien y mal tengan un gran éxito. Baste pensar en «El Señor de los Anillos», «Harry Potter», «Star Wars», «Matriz». En todos ellos, el protagonista es un héroe-mesías que copia más o menos de cerca el modelo cristiano. A pesar de las grandes conquistas de la modernidad, de la ciencia y la tecnología, sentimos todavía la necesidad radical de ser salvados.

--Superman es explícitamente mesiánico. ¿Cuáles son aquellos rasgos suyos que recuerdan a Jesús?

--Padre Zito: Como Cristo, Superman desciende del cielo, muere, resucita y asciende al cielo (imagen final del filme). Está dotado de poderes extraordinarios, realiza prodigios por el bien de la humanidad. Ha sido mandado por el padre (Jor-El) para salvar a los hombres. Es traspasado en el costado. Se sacrifica por la salvación del mundo.

--¿Usted piensa que los espectadores logren captar estas analogías entre Superman y Jesucristo, mirando al filme?

--Padre Zito: Un espectador con sentido común religioso y que reflexiona sobre lo que ve en el cine, ciertamente notará muchos puntos en común entre Cristo y Superman. Es también verdad que este tipo de espectador representa sólo una pequeña parte del gran público. Espero que el artículo de «La Civiltà Cattolica» vaya justamente en la dirección de ayudar al público a reflexionar sobre los productos que nos ofrece la industria del espectáculo, aunque sólo sea para apreciarlos.

--El modo de vencer al mal de Cristo es diferente. En este caso, ¿Superman y Cristo son antagonistas?

--Padre Zito: Como en toda forma de diálogo se puede subrayar la diversidad entre un modelo de salvación y otro, o se pueden poner de relieve los puntos comunes. Creo que siempre es bueno hacer las dos cosas.

El problema es que, para acoger verdaderamente la salvación ofrecida por Cristo, hay que renunciar a una salvación como la de Superman. Ya en los Evangelios, como en toda experiencia de fe en Cristo, los discípulos de Jesús esperan que él sea una especie de superhéroe, venido a salvar al mundo a fuerza de milagros; por esto la cruz representa un escándalo radical, la negación total del Salvador-Superman.

Con esto, sin embargo, no quiero decir que filmes como «Superman» sean malos desde el punto de vista cristiano. Digámoslo así: si te gusta Superman quiere decir que también tú sientes una necesidad radical de salvación, y éste es el primer y fundamental paso hacia el encuentro con el verdadero Salvador: el Dios crucificado.