El Rosario nos ha cambiado la vida, nuestra hija se llama María

Un joven pareja hace experiencia de oración y de misión. Aún en la precariedad se confían a la Divina Providencia, se casa y llama María a su primogénita

Ciudad del Vaticano, (Zenit.org) Antonio Gaspari | 1098 hits

Durante la Vigilia de Pentecostés el 18 de mayo, antes del encuentro del papa Francisco con los movimientos, las nuevas comunidades, las asociaciones y las agregaciones laicales en peregrinación a la tumba del apóstol Pedro, hubo diversos testimonios.

Publicamos el de Francesco Del Prete y Miriam Lanzani del camino neocatecumental

Francesco y Miriam están casados desde hace un año y medio. Muy comprometidos en la nueva evangelización, han iniciado con la oración continua del rosario, después se han ido como misioneros en Holanda. Un recorrido de conversión completamente confiado a la Divina Misericordia.

Me llamo Francesco, tengo 31 años. Estoy casado con Miriam. Tenemos una niña. Soy el segundo de seis hijos, uno de mis hermanos tiene síndrome de down. Mi mujer es la segunda de diez hermanos.

En 2006 nuestro iniciador invitó a los jóvenes de la comunidad de Roma a un encuentro, después de haber anunciado el Kerigma y leído el paso de San Pablo, describió la situación en el norte de Europa: la propagación del ateísmo, el rechazo de las raíces cristianas, la degradación social.

Benedicto XVI invitó a algunas familias de nuestra realidad en misión junto con un sacerdote y un seminarista, para construir una pequeña comunidad en una Iglesia donde celebrar, orar y evangelizar.

A la petición de si alguno quería rezar el rosario cada día durante un año de rodillas delante del Santísimo Sacramento se ofrecieron más de 500 jóvenes.

Nunca habría imaginado las numerosas gracias que el Señor y la Virgen habían predispuesto de esta nuestra disponibilidad.

Mi vida cambió: cada día encontrar una Iglesia interrumpiendo la preparación de la tesis; más de una vez estando por la calle rezando.

Pero esto me dio una profundad intimidad con la Eucaristía, descubriendo una dulce compañía.

Después de dos años nos enviaron a conocer a las personas por las que rezábamos. Nos dividieron en grupos por sorteo. A nosotros nos tocaron las Missio ad Gentes de Amsterdam y Almere en Holanda. Estas familias desde hacía años rezaban por las calles.

Se ha creado una profunda comunión. El sacerdote en misión nos apoyaba en la evangelización.

Cargados de guitarras, panderetas y tambores estábamos por la ciudad en procesión detrás de la cruz y el icono de la Virgen María.

En una plaza comenzamos con el anuncio del Evangelio en un pueblo descristianizado y donde no se puede molestar. Las personas estaban atraídas por tanta alegría.

A Miriam y a mí el Rosario nos ha cambiado la vida, ha disuelto el corazón permitiéndonos salir de nosotros mismos y amar al otro, regalándonos un noviazgo cristiano.

Nos ha donado el fiarnos de la providencia casándonos en un periodo de gran precariedad, quedando abierto a la vida y teniendo así una hija a la que hemos llamado María.